La crítica desnudez

He elegido por fin un significado personal de la palabra ´crisis´= estar desnuda, ver a los demás desnudos. No de ropa, aclaro.
 
Nos cuentan en http://manueldelgado com/crisis-no-significa-oportunidad-en-chino/ :
´Así, en chino (mandarín) no hay “oportunidad” en toda “crisis”, ni crisis se escribe con “oportunidad”, ni nada de eso: “crisis” es wei-chi, “momento de peligro” y nada más. La común afirmación motivadora carece de sentido y viene a ser igual de acertada que decir que, en castellano, “Salamanca” significa “habitación sin mano”.´ Añade un par de referencias que nos salva a todos de sentir que si no sacamos algo bueno de las crisis es asunto nuestro.
 
Dicho esto, y diga lo que diga mi árbol genealógico, tengo bastante de china (¡qué remedio!) en esto de las crisis, pero bueno, también me parece divertido hacer el análisis matemático de cualquier función que me encuentro, así que no me considero una referencia.
 
La crisis llega y si no la esquivas, si no miras para otro lado, te deja en cueros. Eso es una desgracia o una oportunidad (como gustan de decir) porque ves lo que hay. Descubres lo que no habías visto: debilidades y fortalezas insospechadas.Yo a las debilidades propias las enfrento y trabajo y a las fortalezas las exprimo. Pero a veces no se puede ni lo uno ni lo otro..
 
La crisis desnuda también a los que te rodean. Ya no valen los adornos, las palabras, las promesas, los supuestos. Está quien arrima el hombro, quien se hace el tonto, y quien a veces inesperadamente, aparece para ayudarte y se va antes de que puedas dar las gracias.
 
Duelen tanto esas desapariciones, esas promesas rotas, esas confianzas quebradas, que dejan un desierto donde no pueden crecer las semillas de las cosas buenas, de las gentes descubiertas, de las habilidades antes ocultas. Es tal la sorpresa de la decepción que cometes el error de dar por normal la presencia del amigo incondicional.
 
Si atiendes a estos detalles, si sacas algo bueno de todo ello sin desmoronarte, negando terreno al desierto o, si no hay otra opción, disfrutando de su intrínseca belleza, descubrirás que la oportunidad latía en ti, no en la palabra crisis escrita en castellano o en chino mandarín.
Actividad de reflexión: imprimir o dibujar este puzzle, cortar las piezas, mezclar, escribir en cada una una palabra que refleje algún aspecto de tu persona, positivo o negativo. Armar el puzzle, y tomar decisiones.
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¿Jugamos un rato?

Para estos días, te recomendamos una página (de entre tantas que hay) con juegos al más puro estilo brain training. ¡Que te diviertas!

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Cuando lo que toca es ´hacer´ sin pizca de ganas

Hace unos días estuve en una conferencia de mi amigo Pablo Herreros donde se discutía algo de lo que solemos hablar mucho. ¿Y si pudiéramos vivir haciendo solo lo que nos hace felices? Alrededor de esta idea, uno de los temas en los que más he profundizado es el relativo al estado de flow, término que emplea Mihalyi Csikszentmihalyi para describir esos momentos donde hacemos las cosas por el solo placer de hacerlas.  No importa el qué ni el para qué, solo la actividad en sí en el momento presente. Con entrenamiento, podemos entrar en estado de flow en prácticamente cualquier actividad. Pero esta capacidad requiere de práctica, tiempo y cierto grado de madurez y autocontrol. Algo de lo que normalmente no disponen los estudiantes, ya sea por su edad o por las imposiciones del sistema, pero que he convertido en el gran objetivo de mi trabajo.

A raíz de esa conferencia, el compartir todo lo que he ido aprendiendo al respecto se ha vuelto algo urgente para mí. Este post no pretende ser sino la introducción de una larga serie (que ojalá no debiera ser escrita) sobre cómo sobrevivir a la circunstancia de tener que hacer cosas que no apetecen nada.

¿Cómo pudimos llegar a esta situación si aprender es una de las cosas más placenteras para el ser humano?

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Hacer por hacer cuando hacer carece de sentido.

No toda actividad en esta vida logra ser para nosotros placentera en sí. Por ello, uno de los temas recurrentes de este blog es el de la MOTIVACIÓN, ya que sentir que se hace por hacer, sin encontrar placer en ello, puede llegar a ser desesperante si no logramos definir un objetivo válido. Un sentimiento que está una gran cantidad de ´fracasos´ escolares. Y pongo entre comillas la palabra fracaso, porque no la acepto para designar a nada que pase en el primer quinto de nuestra vida.

Hablar con un alumno que ya asume etiquetas tales como tonto o vago, o con un adolescente que te dice lo que supone que quieres escuchar para que le dejes en paz, es un ejercicio de paciencia. Pero por otra parte esas creencias por lo general están aún ´tiernas´ y suele ser bastante sencillo desmontarlas. Voy a poner un ejemplo. Si un/una estudiante suspende cinco asignaturas y la explicación que él o ella asume es ´soy vago/vaga´ es fácil demostrarle su error cuando estamos hablando de una persona que practica un deporte de manera regular, con todas las exigencias que ello supone. El que es vago es vago en todo, no a ratos. Así que no podemos definir a toda una persona a partir de un síntoma puntual que aparece al enfrentarse a un sistema que todos sabemos está lleno de defectos (pese a sus virtudes).

Una de las grandes oportunidades para enfrentar este tema es la famosa pregunta, que normalmente se responde de manera equivocada:

´Y esto, ¿para qué me sirve?´

Es curioso porque llega un momento en que es complicado que el estudiante redescubra este cuestionamiento. Lo ha preguntado tantas veces, y tantas veces se ha sentido humillado o estafado en la respuesta, que suele olvidar que es su gran pregunta. La que sin respuesta, le quita las ganas de todo.

Un primer paso es ser honestos al responder esto, porque esta generación de estudiantes posee la suficiente información para saber que jamás volverá a usar gran parte de los contenidos que se presentan en el colegio o en el instituto.

Hacer por los motivos equivocados

Obviamente, a veces necesitamos recurrir a artificios, como padres y educadores, porque creemos, estamos convencidos, de que algo debe ser hecho más allá de que la personita bajo nuestro cuidado lo comprenda o acepte. Lavarse bien los dientes para que el Ratoncito Pérez venga oportunamente indudablemente es un argumento bastante útil. Pero no podemos abusar : tarde o temprano, un argumento o motivo falso, cae, y las consecuencias pueden ser nefastas. La más grave, bajo mi punto de vista, es que la confianza en sus mayores se fracture. Otras consecuencias no menos dolorosas son la decepción o el sentimiento de haber perdido el tiempo. También ya hemos abordado el tema de los premios.

Pero muchas veces ellos te confiesan que el único motivo para intentar sacar unas buenas notas es contribuir a la felicidad de sus padres. Comprensiblemente, en ocasiones la nota y el esfuerzo de los hijos no alcanza para satisfacernos. Descubrirlo es para ellos y ellas, motivo de dolor, desengaño, frustración, impotencia y, como efecto secundario, suspensos.

En otras ocasiones, les dirigimos a centrar todo su esfuerzo en conseguir un resultado numérico, una nota, y nos olvidamos de trabajar actitudes y habilidades (las denominadas ´soft skills´ cada vez más demandadas y valoradas), que son las que verdaderamente serán útiles tanto a nivel laboral como personal y que muchas veces se trabajan justamente, durante un traspié.

No hacer porque no alcanzaré la meta

Ya hemos hablado de la indefensión aprendida en este post, cuando sentimos que hagamos lo que hagamos, no conseguiremos lo que deseamos.

Pero a veces, este bloqueo tiene un origen diferente. El perfeccionismo parece ser una epidemia entre los estudiantes y sin querer en ocasiones lo estimulamos o no lo enfrentamos adecuadamente. Ya desde muy pequeños, este falso amigo aparece y hace estragos. Luchar contra él es todo un desafío, porque el caso no es ir al extremo opuesto y hacer desaparecer el valor de lo bien hecho. El objetivo es evitar el efecto paralizante de enfrentarnos a la realidad de no ser perfectos.

¿Para qué si no me va a salir bien? ¿Para qué si otro va a ser mejor? Tarde o temprano debemos enfrentarnos a la realidad de que las normas y los parámetros de lo que está bien, regular o mal existen y son necesarios para vivir en sociedad. A veces nos espanta que el sistema escolar enfrente a nuestros pequeños con estas pautas que limitan nuestro comportamiento a edades demasiado tempranas. Sin embargo, más peligroso aún es que nunca se hayan enfrentado a ello hasta edades donde ya la red familiar no les cobija o no es tan efectiva ante el dolor de un error. Los casos de fracaso más estrepitosos en este sentido se dan, justamente, en alumnos que nunca han tenido estos problemas hasta llegar al bachillerato o a la universidad, donde un abrazo de mamá ya no es tan efectivo, y una re-educación es muchísimo más compleja. En este sentido, nuestro papel, además de evitar a nuestros pequeños y adolescentes dolores innecesarios, es también, más difícil aún, guiarles para asumir y gestionar sus propias limitaciones, para poder así disfrutar y explotar al máximo sus enormes capacidades.

El último grito en…¡prehistoria!

El contraste es curioso: ir a empaparse de todo lo relacionado con las excavaciones de Atapuerca y encontrarse con un museo donde lo que abunda es la tecnología al servicio del aprendizaje y donde en lugar de aburrirnos, nos emocionamos.

Nos reciben una enorme escultura de un fragmento del cráneo del encantador Miguelón (que desde su cuenta de twitter @MiguelonMEH nos tiene al tanto de todas las novedades), unas fantásticas vistas y una fachada imponente que no nos dice mucho acerca de lo que dentro nos vamos a encontrar.

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Un espacio para aprender.

Como en todo museo, ¿no? Pero no veas cómo aquí apetece. El material está expuesto de manera clara y amigable, las explicaciones completas y accesibles para cualquier edad y todo en su medida justa: en ningún momento cansa o resulta desbordante.  Expositores con lupas, paneles, pantallas, proyecciones, maquetas … toda la información de manera atractiva y variada, que invita a aprender,  mirar cada detalle, observar cada elemento, leer cada lámina o ver cada video una o más veces.

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Un espacio para interactuar.

La tecnología tiene un papel fundamental en este inesperado museo: actividades interactivas, pantallas táctiles, realidad aumentada, juegos para que seas arquéologo por un rato…

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Un espacio para sorprenderse y emocionarse.

¿Emociones y museo? Te ríes, das respingos y más de una vez, se te pone la piel de gallina. La ambientación, las reproducciones a escala real, el conjunto de imágenes, sonidos y hasta la temperatura de los distintos ambientes, nos transportan por momentos a otra época…¡aunque no puedo contar mucho ni subir fotos si no quiero estropearte la sorpresa!

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Acuérdate de esto cuando te sientes a disfrutar de la zona dedicada al arte rupestre, cuando sepas cómo realizó sus trabajos el bueno de Darwin o entres a contemplar las piezas originales halladas en Atapuerca: el cráneo de Miguelón, la cadera ´Elvis´ o la fabulosa y desconcertante Excalibur, un bifaz que estaba donde no debía, y parece ser la referencia del comportamiento simbólico más antiguo que se ha encontrado. O eso es lo que nos cuentan en la página del museo,  que puedes visitar por si aún no te has convencido de que merece la pena pasar el día para recorrerlo sin perder detalle, y enterarte de las exposiciones temporales y actividades que allí organizan.

Música y estudio

El tema de la música y el estudio suele ser motivo de conflicto para los adolescentes y sus mayores. Pero la respuesta a la pregunta ¿música sí o música no? varía de una persona a otra.  Solo nosotros mismos podemos saber si nos ayuda o nos resulta contraproducente, para lo cual necesitamos una autoevaluación a conciencia:

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La decisión pasa fundamentalmente por determinar si eres más eficiente de una u otra forma, es decir, cómo te concentras  y trabajas mejor. Esto nada tiene que ver con hacer soportable el hacer los deberes.  Si usas una música que te distrae solo lograrás que tus tareas se prolonguen indefinidamente, por lo que te aconsejo que alejes durante ese tiempo la música que más te gusta. Resérvala para tus ratos de ocio.

Estudiar con eficiacia requiere que nuestro cerebro esté alerta a la vez que concentrado y tranquilo. Si esto no se consigue en silencio, hay distintas alternativas musicales que pueden fomentar dicho estado. La elección dependerá de cada individuo y del tipo de tarea a realizar: no es lo mismo hacer ejercicios de matemáticas que dibujar, y la música adecuada tampoco tiene por qué ser la misma. Como se trata de experimentar, lo mejor es probar mientras leemos algo por placer, o cuando aún falta para los exámenes. Así, en los últimos repasos, ya tendrás una selección idónea para tí.

Es mejor que la música suene de manera ambiental, evitando el uso de auriculares, salvo que a nuestro alrededor haya demasiados ruidos y la música la necesitemos para apantallarlos, o sea molesta para los demás. En cualquier caso, el volumen debe ser bajo, evitando estridencias  y cambios bruscos de cualquier índole. Definitivamente, no debe invitarnos a cantar o a escuchar la letra, salvo que estemos realizando un trabajo manual que no requiera excesiva concentración: el hecho de cantar puede relajar a los más inquietos.

Se pueden encontrar en internet compilados de distinta duración y tono para ir probando: desde música clásica, a sonidos de la naturaleza, pasando por música instrumental o coral. Lo ideal es elegir una pieza que dure más o menos lo que nuestro intervalo de estudio: que los primeros acordes nos indiquen que llegó el momento de concentrarse  y que ya, cuando termine, será la hora de descansar, olvidándonos del reloj.

Si somos serios, la música en unos pocos minutos pasará a un segundo plano y realmente no seremos conscientes de que está sonando. Por otra parte, cuando le comencemos a prestar demasiada atención, podemos llamarnos al orden y redirigir nuestra mente al objeto de estudio, o decidir si necesitamos una pequeña pausa o un cambio de asignatura. Además, si algo nos distrae, concentrarnos en el sonido para después retomar el estudio es una estrategia muy eficaz.

Ahora, toca elegir. Tal vez quieras probar con lo que yo estoy escuchando ahora mismo, según escribo este post, buscar otras compilaciones o armar la tuya propia.

Nature by numbers

¿Te asustan los números? ¿No puedes con el álgebra? ¿ Sientes que no vales para las mates?

Las matemáticas están en todas partes, en nuestra propia naturaleza. Por ello no es posible que alguien carezca completamente de talento matemático. De alguna manera todos servimos para las matemáticas, sino, no seríamos capaces de cruzar una calle, resolver situaciones cotidianas o conmovernos por bellezas tales como las que vemos en este video.

Detrás de una ecuación

Inauguramos sección con este post, una sección con la que quiero compartir aquellas cosas que pueden inspirarnos a descubrir, a investigar, a aprender para intentar comprender nuestro mundo.

Traemos nuestro primer aperitivo desde este post del blog Principia Marsupia, donde nos explican lo que pasa en este asombroso video. ¡Que lo disfrutes!

 

 

 

La vida real es esta: Carpe Diem

Muchos estudiantes, en particular adolescentes, creen y sienten que están en una especie de limbo. Constantemente te preguntan cosas relacionadas con la vida real. Un poco más mayores logran adormecer esa inquietud  y quedan a la espera de ese momento mágico en que comienzan a vivir de verdad.  Me pongo a echar cuentas mentales y veo que una persona que, pongamos, llega a los 100 años (por eso de redondear) se ha pasado un cuarto de su vida (entre que acaba carrera y hace algún posgrado rápido) viviendo una vida que no considera real.

La vida real es cada día desde que nacemos, incluso mientras estamos estudiando. Aunque quede a veces poco tiempo libre, y parezca que no se tiene ningún control sobre nada, debemos esforzarnos por  estar presentes en nuestra vida: presentes en el momento presente. Observando a quienes nos rodean, siendo conscientes de nuestras interacciones cotidianas, aceptando las cosas que no pueden ser cambiadas tal y como son y  (como por ejemplo, que toca estudiar y se me da un poco peor esto o aquello),  desarrollando intereses, practicando deportes, colaborando con quienes están a nuestro alrededor, queriendo a quienes nos quieren… Básicamente, viviendo. Si no aprendes a vivir tales cosas como reales, a saborearlas y disfrutarlas, te haces un flaco favor, porque son esas experiencias, y no otras, las que sirven como motor de la vida.

Muchos son los niños y jóvenes que deben enfrentarse a la cruda realidad a edades muy tempranas. No hace falta que pensemos en dramas televisivos: un transtorno de aprendizaje no detectado a tiempo, el bulling, la separación de los padres, la muerte de seres queridos, las consecuencias de la actual crisis económica, etc. son pruebas que los enfrentan a la vida cuando sus mayores todavía estamos tentados a mantenerlos en una burbuja. Pero los malos tiempos también forman parte de la vida real, y lo cierto es que  la forma en que ellos los vivan dependerá en gran medida de cómo reaccionemos sus adultos de referencia y cómo les orientemos. Cuando aún cuentan con nuestra protección, podemos enseñarles, a enfrentar la adversidad, a generar una habilidad resiliente que todos tenemos dentro en menor o mayor medida y a saborear las pequeñas cosas.

¿No sería estupendo que los seres humanos tuviéramos una mayor capacidad de percibir lo que tenemos, sin experiencias dolorosas mediante? Me propongo avanzar un pasito en eso de sentirnos inmersos (y razonablemente a gusto) en la vida real, tengamos la edad que tengamos.

Ser parte de la dinámica de la vida

 

Por lo general, si hago algo, algo ocurre después. Por poner un ejemplo trillado, si mi madre me repite mil veces que haga la mochila, pero a la mañana siguiente voy al cole sin problemas porque está lista, estoy viviendo una situación que no está ligada a la vida real. En la medida en que sea consciente de que mis acciones tienen consecuencias en mi entorno, me sentiré vivo y parte de lo que me rodea.  Lo normal será buscar provocar consecuencias positivas,  por lo que los adultos deberemos estar atentos:  solemos destacar más los fallos e invertimos más energía en reprochar estos que en señalar y alabar las virtudes, algo que deberíamos cambiar.

Aprender a sentir

Más laborioso y menos práctico en lo que a tiempo se refiere (y todos sabemos que de tiempo andamos escasos) es el enseñar a sentir.

Podemos comenzar con este ejercicio, sencillo pero efectivo.

Las penas no se ahogan en chuches

Si pasó algo por la mañana en el colegio o en el instituto, no enseñamos nada con un ´anda, anda, que no es para tanto´. Dedicar unos minutos a charlar sobre el tema, que profundice en lo que ha sentido, en los motivos reales de esos sentimientos y que luego descubra por sí mismo que, efectivamente, no merece la pena que se entristezca por ello, es una gran inversión de futuro. No solo porque creamos un puente de comunicación desde el respeto y nos posicionamos como un lugar al que acudir en caso de necesidad, sino porque a sentir se aprende sintiendo.

Lo mismo con las alegrías. ¡Especialmente con las alegrías! ¿Cuántas veces después de un día magnífico analizamos lo que sentimos en cada momento?  Una tertulia nocturna, ya en pantuflas, sobre las cosas buenas del día debería ser receta obligada para construir una enorme reserva de fortalezas para las épocas más complicadas.

ImagenEl frasco de las buenas cosas, una idea de la página de FB ´Una vida lúcida´

Los premios al estudio: Manual de emergencia para época de exámenes.

Una de las armas más peligrosas y que no requieren ningún tipo de cursillo para su uso es  el premio. Si estás a punto de utilizarla, te pido un minuto.

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  • No hay que premiar al estudiante.
  • Sí hay que premiar al estudiante.

Y así se acaban los manuales de uso de esta arma tan peligrosa que es ´el premio al estudiante´. El premio durante la crianza en general. Bueno…el premio, como parte de nuestras relaciones humanas (pero esto daría para una tesis, y ahora no estoy pensando en escribir ninguna)

Pero antes de hablar del premio, deberíamos detenernos a pensar ¿qué estamos premiando? Porque para mí el problema no es si te regalo o no te regalo, es mucho más profundo. Por ello,  hoy, que estoy elaborando un desesperado manual de emergencias, no me detendré en ello.

A mi entender, y ya no solo desde lo profesional, sino también como madre, hay algunos conceptos sobre los que meditar. Dejo constancia de que esta es mi visión, la que empleo y funciona para mí. Respeto desde luego todo otro punto de vista respecto a este complicado tema.

´Estudiar es su única obligación´

La única obligación de un ser humano debería ser, a mi entender, amarse sanamente a sí mismo y a través de ese amor, utilizar toda herramienta disponible para desarrollarse tanto intelectual, como emocional y socialmente. Una sana autoestima deriva en una sana relación con el mundo exterior, en todas sus dimensiones.

Y si queremos añadir una ´obligación´ podríamos incidir en respetar y valorar a los demás, entre ellos, a sus padres.

Si me detengo en estos dos principios, estudiar no es una obligación, sino una consecuencia lógica: un medio (de los muchos que hay) para construirme como persona y un esfuerzo considerable que esos otros a quienes debo respeto, hacen para ayudarme en esa labor, por lo que de alguna manera, lo suyo es poner de mi parte. Estudiar, para mí, una de las muchas vías para aprender, es un derecho y un privilegio, nunca una obligación.

¿Entiende cabalmente el alumno esas dos primeras ideas? Si es así, el sentimiento de obligación de estudiar se diluye.

Premio por resultado

En la vida real no todo resultado tiene premio externo, pero la capacidad de sentirnos satisfechos por un trabajo bien hecho evita en parte la frustración cuando el ascenso se lo llevó el enchufado de la empresa (un ejemplo extremo, pero claro) o la mejor nota la tiene el pelota de la clase.

No todo esfuerzo descomunal tiene el mejor resultado, pero tiene más valor que un excelente resultado conseguido con bajo nivel de exigencia. Y sino, me permito recordar mi nota más valiosa de la facultad, un aprobado rasposo, conseguido durante un episodio de ciática y con fiebre de 39,5ºC.

Desarrollar la capacidad de la satisfacción por lo conseguido, desde dentro, nos permitirá ahorrarnos muchos sinsabores en esta vida (y esa eterna sensación de lo injusta que es). Esta habilidad no se aprende cuando uno cumple 18 años: se desarrolla desde la cuna. Además, si educamos niños que se acostumbran a que siempre que hacen A obtienen B, no esperemos que de adultos quieran hacer nada de manera altruista. Altruistas nacemos, así que no destruyamos esto con lo que la naturaleza nos ha dotado.

Tras un buen resultado, tras un esfuerzo genuino y considerable,tras una buena voluntad,  no hay mejor premio que el tiempo de los adultos. Sentarse con el niño/adolescente en cuestión y estimular en él o ella sentimientos de orgullo por lo realizado. ¿Cómo se hace?

Os comento una receta para dar los primeros pasos.

  • Sentarse frente a frente, insistiendo en el contacto visual dado que es un ejercicio donde la herramienta es la empatía. Le enseñaremos a sentir orgullo. Al principio mirar a los ojos puede costar mucho para los alumnos, por eso un amable  ´mírame´ y que el alumno se encuentre con una sincera sonrisa en nuestro rostro es la mejor forma.
  • Expresar nuestros sentimientos de satisfacción por el esfuerzo (no por el resultado). Hacer incluso una pequeña reseña, destacando algunos puntos positivos y magnificándolos :  ´Recuerdas cuando vinieron los amigos a buscarte y tú dijiste, esperadme un minuto, aún no he acabado´ ´Recuerdas lo cansado/cansada que estabas el martes y aún así completaste tus tareas´. La empatía hará el resto, si nosotros mostramos en nuestra voz, nuestro rostro y actitud orgullo, él o ella comenzará a sentirlo también. Visualicémonos a nosotros mismos en una fiesta, sintamos que estamos festejando a nuestro campeón o campeona.
  • Conducirle a una exploración/ construcción emocional en torno a lo hecho y lo obtenido. Pocas veces nos detenemos a sentir y lo cierto es que nadie nos ha ayudado a hacerlo ni nos ha llevado a detener el mundo unos minutos para explorar nuestras emociones. ´¿Cómo te has sentido cuando terminaste el trabajo?´´¿Cómo te sentiste cuando viste lo bien que había quedado?´. No aceptes un ´bien´ vacío como respuesta. Si indagas (brevemente al principio, esto no se consigue de la noche a la mañana) empezará a abrirse un abanico de emociones. Refuerza las positivas. Lígalas a su esfuerzo y voluntad. Con que al principio obtengas solo una, ya se esta avanzando. La expresión de satisfacción en una persona es fácilmente reconocible. Búscala, provócala, hasta que aparezca, aunque sea por un instante.
  • Por último, menciona el resultado, indicando que es una consecuencia más de ese esfuerzo, que no siempre llegará, pero que esa satisfacción interior no se la quitará ninguna evaluación externa.

Y ahora sí, en este momento en que niño, niña, madre, padre, profesor, maestra, o quienes hayan estado involucrados en el ejercicio  SIENTEN el valor del trabajo bien hecho, toca premiarse con un enorme abrazo, y si hace bueno, ¿por qué no? irse a por un helado…que nos lo merecemos.

Creatividad I: el despertar

Este es un post que escribí y tenía guardado desde hace meses,  y quiero dedicar a una jovencita que me acaba de contar que ´lo suyo´es algo creativo. Pero que está desmotivada porque ha descubierto que ´carece de creatividad´.

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Ante este dilema…

Si nos preguntásemos cómo organizamos nuestras actividades cotidianas, llevamos adelante nuestras relaciones o elegimos nuestras metas, posiblemente  nos enfrentaríamos a que no somos los principales artífices de nuestra vida. Inmersos en un mar de esquemas rígidos e instrucciones de cómo deben ser hechas las cosas, nos limitamos muchas veces a seguir pautas que pueden resultar cómodas, útiles, pero no necesariamente satisfactorias.

Está más que demostrado que la actividad creativa contribuye a sentirnos mejor. Sin embargo, sólo las empresas invierten dinero para potenciar con efectividad la creatividad. Fuera de estos ámbitos, se enseña poco o nada al respecto, y podemos ver como los programas escolares habituales no estimulan la creatividad de niños y jóvenes. Según vamos entrando en la vida adulta, nos volvemos rutinarios, y nos invade el sentimiento de que las cosas sólo se pueden hacer bien de una manera, la que otro nos enseñó. Y que cada vez hay menos oportunidades para ser nosotros mismos. Sin embargo es posible, si nos lo proponemos, aprender a vivir de un modo más creativo, enfrentar nuestra cotidianeidad con una mente más abierta, valorando más opciones que las habituales e imprimir a nuestra vida un sello personal.

Si pudiéramos observar a una persona creativa en plena actividad creadora, veríamos que  disfruta de lo que está haciendo, sin detenerse a pensar en los posibles beneficios. La actividad que está llevando a cabo le proporciona placer más que suficiente para seguir enfrascado en ella. La buena noticia es que todos tenemos capacidad creativa, por más dormida que esté, y que todos estamos programados genéticamente para sentir placer al crear o descubrir algo novedoso. Pero para empezar, debemos ejercitar eso tan abstracto que es la ´creatividad´ como si de un músculo se tratara.

Si tienes un ratito, disfrutarás de escuchar pese al pobre sonido a mi admirado Mario Alonso Puig. Aunque se enfoca (cómo no) al mundo empresarial, el contenido es útil para todos nosotros.

Voy a proponer ahora la primera parte de una receta para recuperar nuestra creatividad  que se desprende de lo que nos cuenta Mihály Csíkszentmihályi, un experto en estos y otros temas, del que volveré a hablar.

ENFRENTARSE A LA PEREZA

Aceptemos en primer lugar que la pereza es una fuerza natural en todos nosotros. El placer de estar descansando es muy útil, evita que nos quedemos sin energía. Sumado al sentimiento de seguridad que proporciona la rutina, constituye una trampa mortal para cualquier brote de creatividad.

Pero quizás sea más productivo aceptar que aquéllos que no son perezosos son quienes han descubierto en algunas actividades más placer aún que en el no hacer nada. Tampoco es positivo sumirse todo el día en una actividad frenética: es indiscutible la necesidad de disponer de tiempo para la reflexión, la relajación y el descanso. Pero como en todo, debemos buscar un equilibrio que nos conduzca a sentirnos mejor y más satisfechos.

No lograremos avanzar mucho en nuestro propósito si intentamos romper radicalmente con nuestra rutina para incorporar alguna actividad creativa. Encontrar el horario en el que esta nueva actividad resulte realmente agradable y no suponga una lucha contra la vida que llevamos actualmente es fundamental para comenzar.

ADUEÑARSE DEL PROPIO TIEMPO

Con el modo de vida actual, gran parte de nuestra energía es absorbida por innumerables distracciones externas e internas. Nos preguntaremos ¿cómo voy a apartar tiempo para nada más?

Las distracciones pueden ser tanto externas como internas. En el caso de las distracciones externas, proponerse descartar aquéllas que son superfluas, filtrando la información y actividades que nos dispersan sin aportarnos nada que consideremos valioso, es un proceso de reconquista apasionante. Observarnos libreta en mano, apuntando lo que hacemos durante un par de días y analizar esas notas por la noche puede arrojar resultados sorprendentes.

En muchos otros casos, nuestra energía se escapa en cavilaciones internas, en sobrevivir en unos tiempos cada vez más complejos, en luchar contra el desánimo o la ansiedad. Aquí es donde desarrollar e incorporar actividades que requieran de nuestra creatividad nos aportará mayores beneficios, aunque es verdad que requerirá un extra de voluntad. Cualquier actividad que logre apartar de la mente las preocupaciones y nos conduzca a centrarnos en el momento presente, aunque sea sólo por unos minutos al principio, mejorará nuestro estado general.

En cualquiera de los casos, los objetivos deben ser alcanzables. Encontrar la forma de desviar algo de atención de lo habitual para dedicarlo con frecuencia y constancia a una actividad que sepamos nos resulte placentera y nos sintamos capacitados para realizar.

Con quince minutos diarios, a una hora fija para facilitar la creación del  hábito de ser creativo (menuda paradoja) , puede ser más que suficiente. Es necesario recordar que la curiosidad y el entusiasmo en un nuevo proyecto no dura mucho por lo que debemos ser constantes y persistentes, centrándonos en cómo estos minutos diarios benefician a nuestro estado de ánimo en general.

ELIGIENDO QUÉ HACER

Encontrar una actividad que nos guste y acorde a nuestras capacidades actuales, es vital para nuestro proyecto. Dado que los expertos afirman que los procesos creativos se producen en aquellas actividades que dominamos, será mucho más probable lograr nuestro objetivo comenzando por algo que ya conozcamos, aunque nos parezca un desafío modesto al principio. Recordar continuamente que el fin es incorporar el proceso creativo a nuestra forma de vivir, y no lo creado en sí, nos animará. No hay actividades mejores que otras, no hay mejores o peores creaciones. No debe esperarse la aprobación externa, el objetivo, si se ha estado inmerso en una actividad que nos ha proporcionado placer, ya está cumplido.

Poco a poco, se irán abriendo nuevas posibilidades, y para seguir disfrutando tendremos que ir aumentando la complejidad de nuestra actividad paulatinamente. Llegará el punto es que podremos transferir esta revitalizada creatividad a otros aspectos de nuestra vida, animándonos a adoptar  soluciones novedosas a cuestiones cada vez más complejas.