La crítica desnudez

He elegido por fin un significado personal de la palabra ´crisis´= estar desnuda, ver a los demás desnudos. No de ropa, aclaro.
 
Nos cuentan en http://manueldelgado com/crisis-no-significa-oportunidad-en-chino/ :
´Así, en chino (mandarín) no hay “oportunidad” en toda “crisis”, ni crisis se escribe con “oportunidad”, ni nada de eso: “crisis” es wei-chi, “momento de peligro” y nada más. La común afirmación motivadora carece de sentido y viene a ser igual de acertada que decir que, en castellano, “Salamanca” significa “habitación sin mano”.´ Añade un par de referencias que nos salva a todos de sentir que si no sacamos algo bueno de las crisis es asunto nuestro.
 
Dicho esto, y diga lo que diga mi árbol genealógico, tengo bastante de china (¡qué remedio!) en esto de las crisis, pero bueno, también me parece divertido hacer el análisis matemático de cualquier función que me encuentro, así que no me considero una referencia.
 
La crisis llega y si no la esquivas, si no miras para otro lado, te deja en cueros. Eso es una desgracia o una oportunidad (como gustan de decir) porque ves lo que hay. Descubres lo que no habías visto: debilidades y fortalezas insospechadas.Yo a las debilidades propias las enfrento y trabajo y a las fortalezas las exprimo. Pero a veces no se puede ni lo uno ni lo otro..
 
La crisis desnuda también a los que te rodean. Ya no valen los adornos, las palabras, las promesas, los supuestos. Está quien arrima el hombro, quien se hace el tonto, y quien a veces inesperadamente, aparece para ayudarte y se va antes de que puedas dar las gracias.
 
Duelen tanto esas desapariciones, esas promesas rotas, esas confianzas quebradas, que dejan un desierto donde no pueden crecer las semillas de las cosas buenas, de las gentes descubiertas, de las habilidades antes ocultas. Es tal la sorpresa de la decepción que cometes el error de dar por normal la presencia del amigo incondicional.
 
Si atiendes a estos detalles, si sacas algo bueno de todo ello sin desmoronarte, negando terreno al desierto o, si no hay otra opción, disfrutando de su intrínseca belleza, descubrirás que la oportunidad latía en ti, no en la palabra crisis escrita en castellano o en chino mandarín.
Actividad de reflexión: imprimir o dibujar este puzzle, cortar las piezas, mezclar, escribir en cada una una palabra que refleje algún aspecto de tu persona, positivo o negativo. Armar el puzzle, y tomar decisiones.
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¿Jugamos un rato?

Para estos días, te recomendamos una página (de entre tantas que hay) con juegos al más puro estilo brain training. ¡Que te diviertas!

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El último grito en…¡prehistoria!

El contraste es curioso: ir a empaparse de todo lo relacionado con las excavaciones de Atapuerca y encontrarse con un museo donde lo que abunda es la tecnología al servicio del aprendizaje y donde en lugar de aburrirnos, nos emocionamos.

Nos reciben una enorme escultura de un fragmento del cráneo del encantador Miguelón (que desde su cuenta de twitter @MiguelonMEH nos tiene al tanto de todas las novedades), unas fantásticas vistas y una fachada imponente que no nos dice mucho acerca de lo que dentro nos vamos a encontrar.

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Un espacio para aprender.

Como en todo museo, ¿no? Pero no veas cómo aquí apetece. El material está expuesto de manera clara y amigable, las explicaciones completas y accesibles para cualquier edad y todo en su medida justa: en ningún momento cansa o resulta desbordante.  Expositores con lupas, paneles, pantallas, proyecciones, maquetas … toda la información de manera atractiva y variada, que invita a aprender,  mirar cada detalle, observar cada elemento, leer cada lámina o ver cada video una o más veces.

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Un espacio para interactuar.

La tecnología tiene un papel fundamental en este inesperado museo: actividades interactivas, pantallas táctiles, realidad aumentada, juegos para que seas arquéologo por un rato…

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Un espacio para sorprenderse y emocionarse.

¿Emociones y museo? Te ríes, das respingos y más de una vez, se te pone la piel de gallina. La ambientación, las reproducciones a escala real, el conjunto de imágenes, sonidos y hasta la temperatura de los distintos ambientes, nos transportan por momentos a otra época…¡aunque no puedo contar mucho ni subir fotos si no quiero estropearte la sorpresa!

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Acuérdate de esto cuando te sientes a disfrutar de la zona dedicada al arte rupestre, cuando sepas cómo realizó sus trabajos el bueno de Darwin o entres a contemplar las piezas originales halladas en Atapuerca: el cráneo de Miguelón, la cadera ´Elvis´ o la fabulosa y desconcertante Excalibur, un bifaz que estaba donde no debía, y parece ser la referencia del comportamiento simbólico más antiguo que se ha encontrado. O eso es lo que nos cuentan en la página del museo,  que puedes visitar por si aún no te has convencido de que merece la pena pasar el día para recorrerlo sin perder detalle, y enterarte de las exposiciones temporales y actividades que allí organizan.

La vida real es esta: Carpe Diem

Muchos estudiantes, en particular adolescentes, creen y sienten que están en una especie de limbo. Constantemente te preguntan cosas relacionadas con la vida real. Un poco más mayores logran adormecer esa inquietud  y quedan a la espera de ese momento mágico en que comienzan a vivir de verdad.  Me pongo a echar cuentas mentales y veo que una persona que, pongamos, llega a los 100 años (por eso de redondear) se ha pasado un cuarto de su vida (entre que acaba carrera y hace algún posgrado rápido) viviendo una vida que no considera real.

La vida real es cada día desde que nacemos, incluso mientras estamos estudiando. Aunque quede a veces poco tiempo libre, y parezca que no se tiene ningún control sobre nada, debemos esforzarnos por  estar presentes en nuestra vida: presentes en el momento presente. Observando a quienes nos rodean, siendo conscientes de nuestras interacciones cotidianas, aceptando las cosas que no pueden ser cambiadas tal y como son y  (como por ejemplo, que toca estudiar y se me da un poco peor esto o aquello),  desarrollando intereses, practicando deportes, colaborando con quienes están a nuestro alrededor, queriendo a quienes nos quieren… Básicamente, viviendo. Si no aprendes a vivir tales cosas como reales, a saborearlas y disfrutarlas, te haces un flaco favor, porque son esas experiencias, y no otras, las que sirven como motor de la vida.

Muchos son los niños y jóvenes que deben enfrentarse a la cruda realidad a edades muy tempranas. No hace falta que pensemos en dramas televisivos: un transtorno de aprendizaje no detectado a tiempo, el bulling, la separación de los padres, la muerte de seres queridos, las consecuencias de la actual crisis económica, etc. son pruebas que los enfrentan a la vida cuando sus mayores todavía estamos tentados a mantenerlos en una burbuja. Pero los malos tiempos también forman parte de la vida real, y lo cierto es que  la forma en que ellos los vivan dependerá en gran medida de cómo reaccionemos sus adultos de referencia y cómo les orientemos. Cuando aún cuentan con nuestra protección, podemos enseñarles, a enfrentar la adversidad, a generar una habilidad resiliente que todos tenemos dentro en menor o mayor medida y a saborear las pequeñas cosas.

¿No sería estupendo que los seres humanos tuviéramos una mayor capacidad de percibir lo que tenemos, sin experiencias dolorosas mediante? Me propongo avanzar un pasito en eso de sentirnos inmersos (y razonablemente a gusto) en la vida real, tengamos la edad que tengamos.

Ser parte de la dinámica de la vida

 

Por lo general, si hago algo, algo ocurre después. Por poner un ejemplo trillado, si mi madre me repite mil veces que haga la mochila, pero a la mañana siguiente voy al cole sin problemas porque está lista, estoy viviendo una situación que no está ligada a la vida real. En la medida en que sea consciente de que mis acciones tienen consecuencias en mi entorno, me sentiré vivo y parte de lo que me rodea.  Lo normal será buscar provocar consecuencias positivas,  por lo que los adultos deberemos estar atentos:  solemos destacar más los fallos e invertimos más energía en reprochar estos que en señalar y alabar las virtudes, algo que deberíamos cambiar.

Aprender a sentir

Más laborioso y menos práctico en lo que a tiempo se refiere (y todos sabemos que de tiempo andamos escasos) es el enseñar a sentir.

Podemos comenzar con este ejercicio, sencillo pero efectivo.

Las penas no se ahogan en chuches

Si pasó algo por la mañana en el colegio o en el instituto, no enseñamos nada con un ´anda, anda, que no es para tanto´. Dedicar unos minutos a charlar sobre el tema, que profundice en lo que ha sentido, en los motivos reales de esos sentimientos y que luego descubra por sí mismo que, efectivamente, no merece la pena que se entristezca por ello, es una gran inversión de futuro. No solo porque creamos un puente de comunicación desde el respeto y nos posicionamos como un lugar al que acudir en caso de necesidad, sino porque a sentir se aprende sintiendo.

Lo mismo con las alegrías. ¡Especialmente con las alegrías! ¿Cuántas veces después de un día magnífico analizamos lo que sentimos en cada momento?  Una tertulia nocturna, ya en pantuflas, sobre las cosas buenas del día debería ser receta obligada para construir una enorme reserva de fortalezas para las épocas más complicadas.

ImagenEl frasco de las buenas cosas, una idea de la página de FB ´Una vida lúcida´

Creatividad I: el despertar

Este es un post que escribí y tenía guardado desde hace meses,  y quiero dedicar a una jovencita que me acaba de contar que ´lo suyo´es algo creativo. Pero que está desmotivada porque ha descubierto que ´carece de creatividad´.

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Ante este dilema…

Si nos preguntásemos cómo organizamos nuestras actividades cotidianas, llevamos adelante nuestras relaciones o elegimos nuestras metas, posiblemente  nos enfrentaríamos a que no somos los principales artífices de nuestra vida. Inmersos en un mar de esquemas rígidos e instrucciones de cómo deben ser hechas las cosas, nos limitamos muchas veces a seguir pautas que pueden resultar cómodas, útiles, pero no necesariamente satisfactorias.

Está más que demostrado que la actividad creativa contribuye a sentirnos mejor. Sin embargo, sólo las empresas invierten dinero para potenciar con efectividad la creatividad. Fuera de estos ámbitos, se enseña poco o nada al respecto, y podemos ver como los programas escolares habituales no estimulan la creatividad de niños y jóvenes. Según vamos entrando en la vida adulta, nos volvemos rutinarios, y nos invade el sentimiento de que las cosas sólo se pueden hacer bien de una manera, la que otro nos enseñó. Y que cada vez hay menos oportunidades para ser nosotros mismos. Sin embargo es posible, si nos lo proponemos, aprender a vivir de un modo más creativo, enfrentar nuestra cotidianeidad con una mente más abierta, valorando más opciones que las habituales e imprimir a nuestra vida un sello personal.

Si pudiéramos observar a una persona creativa en plena actividad creadora, veríamos que  disfruta de lo que está haciendo, sin detenerse a pensar en los posibles beneficios. La actividad que está llevando a cabo le proporciona placer más que suficiente para seguir enfrascado en ella. La buena noticia es que todos tenemos capacidad creativa, por más dormida que esté, y que todos estamos programados genéticamente para sentir placer al crear o descubrir algo novedoso. Pero para empezar, debemos ejercitar eso tan abstracto que es la ´creatividad´ como si de un músculo se tratara.

Si tienes un ratito, disfrutarás de escuchar pese al pobre sonido a mi admirado Mario Alonso Puig. Aunque se enfoca (cómo no) al mundo empresarial, el contenido es útil para todos nosotros.

Voy a proponer ahora la primera parte de una receta para recuperar nuestra creatividad  que se desprende de lo que nos cuenta Mihály Csíkszentmihályi, un experto en estos y otros temas, del que volveré a hablar.

ENFRENTARSE A LA PEREZA

Aceptemos en primer lugar que la pereza es una fuerza natural en todos nosotros. El placer de estar descansando es muy útil, evita que nos quedemos sin energía. Sumado al sentimiento de seguridad que proporciona la rutina, constituye una trampa mortal para cualquier brote de creatividad.

Pero quizás sea más productivo aceptar que aquéllos que no son perezosos son quienes han descubierto en algunas actividades más placer aún que en el no hacer nada. Tampoco es positivo sumirse todo el día en una actividad frenética: es indiscutible la necesidad de disponer de tiempo para la reflexión, la relajación y el descanso. Pero como en todo, debemos buscar un equilibrio que nos conduzca a sentirnos mejor y más satisfechos.

No lograremos avanzar mucho en nuestro propósito si intentamos romper radicalmente con nuestra rutina para incorporar alguna actividad creativa. Encontrar el horario en el que esta nueva actividad resulte realmente agradable y no suponga una lucha contra la vida que llevamos actualmente es fundamental para comenzar.

ADUEÑARSE DEL PROPIO TIEMPO

Con el modo de vida actual, gran parte de nuestra energía es absorbida por innumerables distracciones externas e internas. Nos preguntaremos ¿cómo voy a apartar tiempo para nada más?

Las distracciones pueden ser tanto externas como internas. En el caso de las distracciones externas, proponerse descartar aquéllas que son superfluas, filtrando la información y actividades que nos dispersan sin aportarnos nada que consideremos valioso, es un proceso de reconquista apasionante. Observarnos libreta en mano, apuntando lo que hacemos durante un par de días y analizar esas notas por la noche puede arrojar resultados sorprendentes.

En muchos otros casos, nuestra energía se escapa en cavilaciones internas, en sobrevivir en unos tiempos cada vez más complejos, en luchar contra el desánimo o la ansiedad. Aquí es donde desarrollar e incorporar actividades que requieran de nuestra creatividad nos aportará mayores beneficios, aunque es verdad que requerirá un extra de voluntad. Cualquier actividad que logre apartar de la mente las preocupaciones y nos conduzca a centrarnos en el momento presente, aunque sea sólo por unos minutos al principio, mejorará nuestro estado general.

En cualquiera de los casos, los objetivos deben ser alcanzables. Encontrar la forma de desviar algo de atención de lo habitual para dedicarlo con frecuencia y constancia a una actividad que sepamos nos resulte placentera y nos sintamos capacitados para realizar.

Con quince minutos diarios, a una hora fija para facilitar la creación del  hábito de ser creativo (menuda paradoja) , puede ser más que suficiente. Es necesario recordar que la curiosidad y el entusiasmo en un nuevo proyecto no dura mucho por lo que debemos ser constantes y persistentes, centrándonos en cómo estos minutos diarios benefician a nuestro estado de ánimo en general.

ELIGIENDO QUÉ HACER

Encontrar una actividad que nos guste y acorde a nuestras capacidades actuales, es vital para nuestro proyecto. Dado que los expertos afirman que los procesos creativos se producen en aquellas actividades que dominamos, será mucho más probable lograr nuestro objetivo comenzando por algo que ya conozcamos, aunque nos parezca un desafío modesto al principio. Recordar continuamente que el fin es incorporar el proceso creativo a nuestra forma de vivir, y no lo creado en sí, nos animará. No hay actividades mejores que otras, no hay mejores o peores creaciones. No debe esperarse la aprobación externa, el objetivo, si se ha estado inmerso en una actividad que nos ha proporcionado placer, ya está cumplido.

Poco a poco, se irán abriendo nuevas posibilidades, y para seguir disfrutando tendremos que ir aumentando la complejidad de nuestra actividad paulatinamente. Llegará el punto es que podremos transferir esta revitalizada creatividad a otros aspectos de nuestra vida, animándonos a adoptar  soluciones novedosas a cuestiones cada vez más complejas.

Motivación II: ¿tocas en clave de x o de y?

Uno de los temas más desesperantes en estos días para quienes trabajamos con estudiantes pasa por su falta de motivación. Las noticias, el mal ambiente general, la sensación de ´no hay futuro´ y algo tan de toda la vida como es el efecto primavera, nos ponen el trabajo cuesta arriba.

Hay que asumir que motivar a un estudiante no es cuestión de una táctica, sino de infinidad de ellas. Tal como nos ocurre a los adultos, les motivan distintas cosas. Cambiamos de metas e intereses a lo largo de nuestra vida, pero en esta época los cambios se suceden a velocidades vertiginosas, sin previo aviso y nos exigen a profesores, tutores, madres y padres estar en continuo estado de alerta para modificar y adaptar las estrategias que empleamos. Lo que sirve hoy en una semana puede que sea completamente inútil.

En este post ya revisé las teorías de Maslow. Pero hay muchas otras formas de explicar por qué hacemos las cosas con mayor o menor entusiasmo o cómo influir sobre él. Escapándonos de nuevo al mundo de la empresa, Douglas McGregor nos dice que hay dos formas de pensamiento excluyentes desde las que nos perciben los directivos. Están aquellos que siguen la  “Teoría X” y consideran que los trabajadores sólo actúan bajo amenazas, y los que comulgan con la “Teoría Y” partiendo de la base de que la gente vive el trabajo como algo natural y quiere hacerlo, encontrando en ello satisfacción.

Antes de continuar, os invito a ver este video donde Sir Ken Robinson, un gran crítico del sistema educativo, y con cuyas ideas comulgo especialmente, realiza un análisis del estado de las cosas.

Volviendo al tema que nos ocupa, es verdad que desde la época donde se defendía que la letra con sangre entra hasta nuestros días, se ha avanzado mucho.  Pero aunque nos guste hablar en términos de la teoría y, el suspenso, el verano estudiando en vez de disfrutando con los amigos y los premios que no vendrán (por cierto, premios que nunca se debieron ofrecer) nos sumergen de lleno en el desesperado recurso de la amenaza…. y en la teoría x, esa que supuestamente no es la nuestra.

La teoría x supone que la tendencia natural al ocio y la percepción de que el trabajo inherente en este caso al proceso de aprendizaje es una forma de castigo. Pues sí, el alumno muchas veces lo vive así porque así se lo hemos planteado. También nos dice esta teoría, que, ante tal realidad,  la supervisión y la motivación solo pueden venir del exterior.Con amor, con cariño, como quieras, pero desde el exterior.

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Por el contrario, la teoría y nos lleva a pensar que el estudiante encuentra en el aprendizaje suficiente satisfacción y que se esforzará para lograr los mejores resultados posibles sin necesidad de presión externa. (Como confíes en esto, con el programa de estudios actual, prepárate)

Lo cierto es que, como todos hemos visto y vivido en carne propia cuando estudiantes, se dan ambas situaciones. Hay ocasiones en las que por más curioso y ávido de conocimiento sea un alumno se aburre o lo que intenta estudiar carece de sentido para él. Es más, intuye o sabe que no le servirá en la vida real. En tales circunstancias, el marco fuerza a que nuestro estudiante encaje a la perfección en los supuestos de la teoría x y, conscientes de ello, obtenemos en apariencia mejores resultados (sobre todo, más inmediatos): mejores notas, tareas acabadas a su hora, etc.Esta comodidad nos lleva a  desaprovechar momentos donde podríamos utilizar métodos más propios de la teoría y. Una consecuencia nefasta de nuestra falta de reacción es que no permitimos que el estudiante se experimente a sí mismo como alguien capaz de asumir las riendas y hacer propio el orgullo de su éxito.

Cuando un alumno se enfrenta a un tutor teoría y, lo normal es que no sepa cómo reaccionar. Su expresión inicial es la de estar buscando la cámara oculta: muchas veces sienten que ¿con qué color quieres escribir? es en realidad una trampa. La siguiente actitud es de miedo a contestar cualquier pregunta de contenido, aun cuando se le ha asegurado que no está bajo evaluación.

´Mi hijo de pronto me suspende todas´

Esta debe ser una de las frases que más escucho, coincidiendo con cambios de ciclo. Lo habitual es que  descubramos que ese alumno no sabe qué hacer sin supervisión, y, tal como predice la teoría x, prefiere que se le dirija evitando toda responsabilidad, y ansiando por encima de todo, seguridad. Y le culpabilizamos por ello: ´nos suspende´.

¿Qué responsabilidad quiere evitar? La de decidir si con los ejercicios que le mandó el profesor para practicar alcanza para comprender el examen o necesita buscar algunos más. ¿Qué seguridad busca? La de que si estudia lo que le han mandado, aprobará. Así, cuando la dirección desaparece, simplemente el alumno no sabe qué hacer.

¿Tiene entonces la teoría x la razón? No. Simplemente, la forma en la que hemos educado durante las etapas iniciales a nuestros alumnos han hecho que parezca que la tiene. No son pocas mis experiencias ´rehabilitando´ víctimas de la teoría x que con mayor o menor esfuerzo logran liberarse del estigma de vagos sin rumbo que tal visión les imprime.

¿ Necesita tu hijo o alumno un cambio de teoría? Haz este experimento. Dale una hoja en blanco y varios colores. Dile que escriba lo que quiera, como quiera y donde quiera. Tal y como nos cuenta el video, un niño de 5 años sabrá qué hacer. Es más, se olvidará de que existes, hará un impresionante dibujo y no le importará tu opinión. Uno de diez, posiblemente, se te quede mirando. Lo más seguro es que escoja el bolígrafo azul o un lápiz, escriba algo y te pregunte si está bien o si eso era lo que querías. Uno más mayor te dirá ´pero qué pongo´ mientras comprendes que es urgente cambiar algo.

El momento de comenzar a rehabilitar a nuestro chico o chica fraguados en la teoría x es ya. No hace falta esperar que el sistema educativo cambie por completo (no ocurrirá ni en el corto ni en el mediano plazo). Podemos introducir pequeñas modificaciones desde una clase, o a la hora de hacer los deberes en casa. Estaría bien que comenzáramos por ver ese video con ellos, y plantearles el desafío de aprender a la vez que aprobar, de que sus extraordinarias capacidades sobrevivan al sistema aunque pase por él, desafiándole a ser el héroe de su propia vida.

En términos de una teoría u otra, lo aconsejable sería empezar cada día con la visión ´y´: ya habrá tiempo para recurrir a la supervisión y a la motivación externa según se acerque la hora de la cena o la fecha del examen. No es cuestión de dejarles sin mapa en medio de un desierto: pueden tener la edad para ser responsables de sus tareas pero no el entrenamiento. Planteada una tarea, no estaría de más permitir que el alumno la desarrolle con libertad, valore los resultados con nosotros y nos comente si realmente se siente satisfecho con lo que ha hecho. En la medida que el resultado sea aceptable (aunque no excelente) dejar que experimente la consecuencia de su decisión. Un ´aprobadillo´ obtenido bajo estas circunstancias es mucho más provechoso que un 10 bajo supervisión estrecha.

Hace unos pocos días, un alumno con el que trabajo tenía que realizar dos tareas. Por primera vez en años, decidió y justificó el orden en que iba a realizarlas espontáneamente, sin intentar que yo se lo indicara . Respeté su posición, elogié su actitud y le permití experimentar el éxito conseguido al aplicar su estrategia: terminó a tiempo sus tareas. Este hecho, aparentemente superfluo, provocó en él un cambio radical de actitud, aumentando su participación en los grupos de trabajo y ganando confianza suficiente como para expresar sus propias ideas.

Si pretendemos que el adulto de mañana viva el esfuerzo como algo natural y los logros como fuente de satisfacción personal, debemos permitir que experimenten tal visión desde sus primeros pasos. La realidad es que, hoy por hoy, muchos alumnos de instituto o bachillerato, jamás han sentido la libertad de decidir sobre nada respecto a sus estudios. No esperemos entonces que cuando salgan a la vida, sean emprendedores, creativos y autónomos si siempre les hemos dicho qué, cuándo y cuánto hacer.

No te quedes con historias incompletas

Ya tenía ganas de inaugurar la sección de recomendaciones, con cosas que te hagan sentir bien, crecer, reaccionar, o lo que toque. No acababa de encontrar algo realmente atractivo para engancharte a esta pequeña parte del blog, que sin embargo es la que más me ilusiona.

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Hoy conocí a la impresionante Chimamanda Ngozi Adichie y lo tuve claro: ella será nuestra primera piedra. Te invito a conmoverte con sus palabras y compartir tus ideas y propias recomendaciones.

Se pronuncia ´MUCs´: los cursos online masivos en abierto

Iba a dedicar esta mañana a hablar sobre los MOOCs (Massive  Open Online Courses, Cursos on-line masivos en abierto o COMA en algunas universidades españolas). Este estupendo post me ha ahorrado la tarea, así que solo agregaré mi experiencia personal.

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Hace un año más o menos, las propuestas de estos cursos inundaron mis buscadores como opciones de aprendizaje on line. Para opinar sobre ello y comenzar a recomendarlos, decidí vivir la experiencia en primera persona. Pese a mi entusiasmo genuino y desbordante, nadie en mi entorno me ha seguido.

A los MOOCs les queda mucho por andar. Esto no significa que no haya cursado alguno magnífico: ayer entregué con algo de pena mi último trabajo para la evaluación P2P en uno de ellos (evaluación entre compañeros) con la sensación que te queda después de ver una excelente película: podrás volver a verla, pero no te sentirás sorprendid@. Otros sin embargo, merecían ser abandonados sin culpa. En mi caso, como también estaba interesada en lo que no se debe hacer en un MOOC los seguí hasta el final.

Pero más nos queda (me incluyo) andar a los alumnos. Solo el 10 % de quienes se apuntan, dice Javier en su post, terminan los cursos. Me sorprende el dato: creía que menos. Las quejas que he leído por parte de algunos alumnos en los foros eran propias de un patio de colegio.

Es verdad que sé estudiar sin nadie detrás de mí, llevo años haciéndolo: requiere enormes dosis de compromiso y autodisciplina. Por ello he agradecido inmensamente la gamificación y las evaluaciones entre pares. Pero nadie, ni el mejor profesor, ni el mejor sistema, te pueden enseñar nada sino tienes un mínimo compromiso contigo mismo.

Algunos que nos dedicamos a la enseñanza nos ocupamos de ayudar a otros a descubrir en sí mismos esas actitudes que les permitirán abordar un proceso de aprendizaje autónomo, dejando de lado con cierta pena las clases magistrales. Sin embargo, otros profesores tienen que dedicar su tiempo a diseñar  cursos de calidad, atractivos por qué no, pero dirigidos a  gente que ya tiene esas ganas instaladas. Y jamás podrás disfrutarlos sino pones lo que hace falta de tu parte.

Imágenes en 3D

¿Ves los peces?

Hoy te recomendamos un juego visual impresionante. Seguro habrás probado eso de las imágenes 3D en las que desenfocando, empiezas a ver una imagen escondida.

Si no has visto los peces, entrénate pinchando en la imagen y luego entra en este fantástico post de Principia Marsupia donde nos llevan más allá: ver por dentro nuestro propio cuerpo. Recuerda que la imagen en 3D se formará en el centro de los dos dibujos que se muestran en cada estereograma.

¡A divertirse!

Buscando el equilibrio en la educación: familia y sociedad

(Javier Díaz, Aprendizaje y conocimiento)

Una de las ideas que están grabadas a fuego en mi mente es la que expresa cierto proverbio africano que dice:

´Para educar a un niño hace falta la tribu entera.´

En su artículo de hoy, Javier Díaz me recuerda otra de las cosas que cada día es más cierta para mí, que, asumiéndome como parte de esa tribu, practico la pedagogía extrema (otro día explicaré para quienes no me conocen, qué es esto):

´Educar a un niño requiere de mucha paciencia, sobre todo para el niño.´

Como el post no tiene desperdicio, os invito a leerlo completo, destacando el párrafo final, con el que comulgo especialmente:

´…más allá del papel que juegan padres y madres, personalmente creo que el concepto que debemos integrar en nuestra vida cotidiana es el de educación en sociedad trascendiendo los límites propios de las familias y de los centros educativos. Todo está interrelacionado y cabría preguntarse si la sociedad que tenemos actualmente es la causa, la consecuencia o una compleja combinación de ambos factores. Lo que tengo claro es que todos jugamos un papel en la sociedad, y por tanto, los valores y actitudes que emanan de ella son un reflejo de lo que somos y de lo que aportamos como individuos.´

vía Buscando el equilibrio en la educación: familia y sociedad.