Motivación II: ¿tocas en clave de x o de y?

Uno de los temas más desesperantes en estos días para quienes trabajamos con estudiantes pasa por su falta de motivación. Las noticias, el mal ambiente general, la sensación de ´no hay futuro´ y algo tan de toda la vida como es el efecto primavera, nos ponen el trabajo cuesta arriba.

Hay que asumir que motivar a un estudiante no es cuestión de una táctica, sino de infinidad de ellas. Tal como nos ocurre a los adultos, les motivan distintas cosas. Cambiamos de metas e intereses a lo largo de nuestra vida, pero en esta época los cambios se suceden a velocidades vertiginosas, sin previo aviso y nos exigen a profesores, tutores, madres y padres estar en continuo estado de alerta para modificar y adaptar las estrategias que empleamos. Lo que sirve hoy en una semana puede que sea completamente inútil.

En este post ya revisé las teorías de Maslow. Pero hay muchas otras formas de explicar por qué hacemos las cosas con mayor o menor entusiasmo o cómo influir sobre él. Escapándonos de nuevo al mundo de la empresa, Douglas McGregor nos dice que hay dos formas de pensamiento excluyentes desde las que nos perciben los directivos. Están aquellos que siguen la  “Teoría X” y consideran que los trabajadores sólo actúan bajo amenazas, y los que comulgan con la “Teoría Y” partiendo de la base de que la gente vive el trabajo como algo natural y quiere hacerlo, encontrando en ello satisfacción.

Antes de continuar, os invito a ver este video donde Sir Ken Robinson, un gran crítico del sistema educativo, y con cuyas ideas comulgo especialmente, realiza un análisis del estado de las cosas.

Volviendo al tema que nos ocupa, es verdad que desde la época donde se defendía que la letra con sangre entra hasta nuestros días, se ha avanzado mucho.  Pero aunque nos guste hablar en términos de la teoría y, el suspenso, el verano estudiando en vez de disfrutando con los amigos y los premios que no vendrán (por cierto, premios que nunca se debieron ofrecer) nos sumergen de lleno en el desesperado recurso de la amenaza…. y en la teoría x, esa que supuestamente no es la nuestra.

La teoría x supone que la tendencia natural al ocio y la percepción de que el trabajo inherente en este caso al proceso de aprendizaje es una forma de castigo. Pues sí, el alumno muchas veces lo vive así porque así se lo hemos planteado. También nos dice esta teoría, que, ante tal realidad,  la supervisión y la motivación solo pueden venir del exterior.Con amor, con cariño, como quieras, pero desde el exterior.

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Por el contrario, la teoría y nos lleva a pensar que el estudiante encuentra en el aprendizaje suficiente satisfacción y que se esforzará para lograr los mejores resultados posibles sin necesidad de presión externa. (Como confíes en esto, con el programa de estudios actual, prepárate)

Lo cierto es que, como todos hemos visto y vivido en carne propia cuando estudiantes, se dan ambas situaciones. Hay ocasiones en las que por más curioso y ávido de conocimiento sea un alumno se aburre o lo que intenta estudiar carece de sentido para él. Es más, intuye o sabe que no le servirá en la vida real. En tales circunstancias, el marco fuerza a que nuestro estudiante encaje a la perfección en los supuestos de la teoría x y, conscientes de ello, obtenemos en apariencia mejores resultados (sobre todo, más inmediatos): mejores notas, tareas acabadas a su hora, etc.Esta comodidad nos lleva a  desaprovechar momentos donde podríamos utilizar métodos más propios de la teoría y. Una consecuencia nefasta de nuestra falta de reacción es que no permitimos que el estudiante se experimente a sí mismo como alguien capaz de asumir las riendas y hacer propio el orgullo de su éxito.

Cuando un alumno se enfrenta a un tutor teoría y, lo normal es que no sepa cómo reaccionar. Su expresión inicial es la de estar buscando la cámara oculta: muchas veces sienten que ¿con qué color quieres escribir? es en realidad una trampa. La siguiente actitud es de miedo a contestar cualquier pregunta de contenido, aun cuando se le ha asegurado que no está bajo evaluación.

´Mi hijo de pronto me suspende todas´

Esta debe ser una de las frases que más escucho, coincidiendo con cambios de ciclo. Lo habitual es que  descubramos que ese alumno no sabe qué hacer sin supervisión, y, tal como predice la teoría x, prefiere que se le dirija evitando toda responsabilidad, y ansiando por encima de todo, seguridad. Y le culpabilizamos por ello: ´nos suspende´.

¿Qué responsabilidad quiere evitar? La de decidir si con los ejercicios que le mandó el profesor para practicar alcanza para comprender el examen o necesita buscar algunos más. ¿Qué seguridad busca? La de que si estudia lo que le han mandado, aprobará. Así, cuando la dirección desaparece, simplemente el alumno no sabe qué hacer.

¿Tiene entonces la teoría x la razón? No. Simplemente, la forma en la que hemos educado durante las etapas iniciales a nuestros alumnos han hecho que parezca que la tiene. No son pocas mis experiencias ´rehabilitando´ víctimas de la teoría x que con mayor o menor esfuerzo logran liberarse del estigma de vagos sin rumbo que tal visión les imprime.

¿ Necesita tu hijo o alumno un cambio de teoría? Haz este experimento. Dale una hoja en blanco y varios colores. Dile que escriba lo que quiera, como quiera y donde quiera. Tal y como nos cuenta el video, un niño de 5 años sabrá qué hacer. Es más, se olvidará de que existes, hará un impresionante dibujo y no le importará tu opinión. Uno de diez, posiblemente, se te quede mirando. Lo más seguro es que escoja el bolígrafo azul o un lápiz, escriba algo y te pregunte si está bien o si eso era lo que querías. Uno más mayor te dirá ´pero qué pongo´ mientras comprendes que es urgente cambiar algo.

El momento de comenzar a rehabilitar a nuestro chico o chica fraguados en la teoría x es ya. No hace falta esperar que el sistema educativo cambie por completo (no ocurrirá ni en el corto ni en el mediano plazo). Podemos introducir pequeñas modificaciones desde una clase, o a la hora de hacer los deberes en casa. Estaría bien que comenzáramos por ver ese video con ellos, y plantearles el desafío de aprender a la vez que aprobar, de que sus extraordinarias capacidades sobrevivan al sistema aunque pase por él, desafiándole a ser el héroe de su propia vida.

En términos de una teoría u otra, lo aconsejable sería empezar cada día con la visión ´y´: ya habrá tiempo para recurrir a la supervisión y a la motivación externa según se acerque la hora de la cena o la fecha del examen. No es cuestión de dejarles sin mapa en medio de un desierto: pueden tener la edad para ser responsables de sus tareas pero no el entrenamiento. Planteada una tarea, no estaría de más permitir que el alumno la desarrolle con libertad, valore los resultados con nosotros y nos comente si realmente se siente satisfecho con lo que ha hecho. En la medida que el resultado sea aceptable (aunque no excelente) dejar que experimente la consecuencia de su decisión. Un ´aprobadillo´ obtenido bajo estas circunstancias es mucho más provechoso que un 10 bajo supervisión estrecha.

Hace unos pocos días, un alumno con el que trabajo tenía que realizar dos tareas. Por primera vez en años, decidió y justificó el orden en que iba a realizarlas espontáneamente, sin intentar que yo se lo indicara . Respeté su posición, elogié su actitud y le permití experimentar el éxito conseguido al aplicar su estrategia: terminó a tiempo sus tareas. Este hecho, aparentemente superfluo, provocó en él un cambio radical de actitud, aumentando su participación en los grupos de trabajo y ganando confianza suficiente como para expresar sus propias ideas.

Si pretendemos que el adulto de mañana viva el esfuerzo como algo natural y los logros como fuente de satisfacción personal, debemos permitir que experimenten tal visión desde sus primeros pasos. La realidad es que, hoy por hoy, muchos alumnos de instituto o bachillerato, jamás han sentido la libertad de decidir sobre nada respecto a sus estudios. No esperemos entonces que cuando salgan a la vida, sean emprendedores, creativos y autónomos si siempre les hemos dicho qué, cuándo y cuánto hacer.

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No te quedes con historias incompletas

Ya tenía ganas de inaugurar la sección de recomendaciones, con cosas que te hagan sentir bien, crecer, reaccionar, o lo que toque. No acababa de encontrar algo realmente atractivo para engancharte a esta pequeña parte del blog, que sin embargo es la que más me ilusiona.

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Hoy conocí a la impresionante Chimamanda Ngozi Adichie y lo tuve claro: ella será nuestra primera piedra. Te invito a conmoverte con sus palabras y compartir tus ideas y propias recomendaciones.

Se pronuncia ´MUCs´: los cursos online masivos en abierto

Iba a dedicar esta mañana a hablar sobre los MOOCs (Massive  Open Online Courses, Cursos on-line masivos en abierto o COMA en algunas universidades españolas). Este estupendo post me ha ahorrado la tarea, así que solo agregaré mi experiencia personal.

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Hace un año más o menos, las propuestas de estos cursos inundaron mis buscadores como opciones de aprendizaje on line. Para opinar sobre ello y comenzar a recomendarlos, decidí vivir la experiencia en primera persona. Pese a mi entusiasmo genuino y desbordante, nadie en mi entorno me ha seguido.

A los MOOCs les queda mucho por andar. Esto no significa que no haya cursado alguno magnífico: ayer entregué con algo de pena mi último trabajo para la evaluación P2P en uno de ellos (evaluación entre compañeros) con la sensación que te queda después de ver una excelente película: podrás volver a verla, pero no te sentirás sorprendid@. Otros sin embargo, merecían ser abandonados sin culpa. En mi caso, como también estaba interesada en lo que no se debe hacer en un MOOC los seguí hasta el final.

Pero más nos queda (me incluyo) andar a los alumnos. Solo el 10 % de quienes se apuntan, dice Javier en su post, terminan los cursos. Me sorprende el dato: creía que menos. Las quejas que he leído por parte de algunos alumnos en los foros eran propias de un patio de colegio.

Es verdad que sé estudiar sin nadie detrás de mí, llevo años haciéndolo: requiere enormes dosis de compromiso y autodisciplina. Por ello he agradecido inmensamente la gamificación y las evaluaciones entre pares. Pero nadie, ni el mejor profesor, ni el mejor sistema, te pueden enseñar nada sino tienes un mínimo compromiso contigo mismo.

Algunos que nos dedicamos a la enseñanza nos ocupamos de ayudar a otros a descubrir en sí mismos esas actitudes que les permitirán abordar un proceso de aprendizaje autónomo, dejando de lado con cierta pena las clases magistrales. Sin embargo, otros profesores tienen que dedicar su tiempo a diseñar  cursos de calidad, atractivos por qué no, pero dirigidos a  gente que ya tiene esas ganas instaladas. Y jamás podrás disfrutarlos sino pones lo que hace falta de tu parte.

Más allá de la nota

Cuando trabajas con alumnos donde el 10 parece inalcanzable y el aprobado es un éxito, descubres que el único camino eficiente incluye fortalecer todas esas otras facetas emocionales, actitudinales y cognitivas habitualmente descuidadas por las prisas de un sistema que se rige por la respuesta correcta. Sorprendentemente, la corrección del resultado aparece quizá más tarde de lo esperado, pero con una solidez aplastante cuando el alumno sabe. Pero en un tiempo donde el éxito inmediato parece ser lo único que nos satisface, mirar a largo plazo puede ser angustiante.

Llamamos buen alumno a aquel capaz de dar ciertas respuestas correctas a las situaciones planteadas por el profesor. Este hecho ha provocado anécdotas por todos conocidas de malos estudiantes cuyas brillantes mentes una vez liberadas del opresivo sistema (opino que tampoco es para tanto), han cambiado el mundo. Sinceramente, no creo que hayan sido necesariamente malos estudiantes. Las malas eran sus notas.

Negar el valor de la respuesta correcta es sin duda absurdo.  Y si el equipo de ingeniería que construyó el túnel por el que paso cada día opina lo contrario, que me avise para cambiar de recorrido. Sin embargo, la penalización constante del fracaso (si se puede llamar así a un suspenso en matemáticas con 8, 10 o 15 años) no solo limita el pensamiento creativo, eje de este post que motiva mi reflexión. Las etiquetas que a diario, durante años, debe soportar quien tiene unas malas notas, limitan la felicidad.

Si yo planteo un problema, existe la posibilidad de que varios caminos me conduzcan a la solución correcta. En general, el que explica el profesor es el más probado, el más eficaz, el más ´elegante´. Arriesgarme por una nueva vía porque no comprendí lo que el profesor me explicó o por que me atrae buscar una alternativa, puede conducirme a un resultado fallido, pero también me puede enseñar mucho más que el camino tradicional y permitirme incluso valorar que el camino originalmente indicado era mejor, dejarme de mirar el techo y prestar más atención mañana. Insisto que cuando hablo de esto, no me refiero a un cirujano, sino a un alumno en fase de entrenamiento.

Como he mencionado, no creo que  mal alumno y alumno con malas notas sean  sinónimos. Están aquellos que en su proceso de aprendizaje no llegan a las respuestas esperadas pero posiblemente estén aprendiendo infinitamente más que aquellos que aprueban sin más (y que al cabo de un tiempo no recuerdan nada).

Si un alumno termina sus educación básica con un promedio magnífico, pero no es capaz de tolerar la frustración, de reaccionar con energía ante un suspenso y seguir adelante, de gestionar su propio tiempo, de colaborar en un equipo, de buscar  fuentes de información por sí mismo, de conocer mínimamente su forma de aprender y saber adaptarse a los cambios que le esperan en la vida, no ha sacado todo el provecho posible a esta etapa formativa.

Recuerdo a futuros ingenieros temerosos por el rumor de que ciertas cátedras planteaban problemas sin solución en sus exámenes. Siendo aún estudiante, me tocó presenciar cómo uno de mis compañeros no soportó la presión de un  examen que no tenía parecido ninguno con lo que estudió en los libros que nos habían recomendado y tuvo que abandonar el examen.

La vida real no se parece a los libros. A veces, lo haces todo bien, pero aparece algo inesperado que se lleva todo tu trabajo por delante. Llega un momento en que hasta el más inteligente de clase (entendiendo como inteligencia los aspectos que se valoran académicamente en la actualidad)  se enfrenta a la realidad de que las buenas notas  no alcanzan. Esa es la oportunidad para que la fortaleza del que supo seguir pese a las etiquetas y la escasez de resultados, reluzca, aunque no sea un Einstein.

 

Imágenes en 3D

¿Ves los peces?

Hoy te recomendamos un juego visual impresionante. Seguro habrás probado eso de las imágenes 3D en las que desenfocando, empiezas a ver una imagen escondida.

Si no has visto los peces, entrénate pinchando en la imagen y luego entra en este fantástico post de Principia Marsupia donde nos llevan más allá: ver por dentro nuestro propio cuerpo. Recuerda que la imagen en 3D se formará en el centro de los dos dibujos que se muestran en cada estereograma.

¡A divertirse!

Buscando el equilibrio en la educación: familia y sociedad

(Javier Díaz, Aprendizaje y conocimiento)

Una de las ideas que están grabadas a fuego en mi mente es la que expresa cierto proverbio africano que dice:

´Para educar a un niño hace falta la tribu entera.´

En su artículo de hoy, Javier Díaz me recuerda otra de las cosas que cada día es más cierta para mí, que, asumiéndome como parte de esa tribu, practico la pedagogía extrema (otro día explicaré para quienes no me conocen, qué es esto):

´Educar a un niño requiere de mucha paciencia, sobre todo para el niño.´

Como el post no tiene desperdicio, os invito a leerlo completo, destacando el párrafo final, con el que comulgo especialmente:

´…más allá del papel que juegan padres y madres, personalmente creo que el concepto que debemos integrar en nuestra vida cotidiana es el de educación en sociedad trascendiendo los límites propios de las familias y de los centros educativos. Todo está interrelacionado y cabría preguntarse si la sociedad que tenemos actualmente es la causa, la consecuencia o una compleja combinación de ambos factores. Lo que tengo claro es que todos jugamos un papel en la sociedad, y por tanto, los valores y actitudes que emanan de ella son un reflejo de lo que somos y de lo que aportamos como individuos.´

vía Buscando el equilibrio en la educación: familia y sociedad.

El tamaño de las cosas

Este es un post que hemos escrito con los más pequeños, donde subimos materiales, compartimos ideas y actividades. Pero nos lo hemos pasado tan bien, y hemos disfrutado tanto, que creo que merece la pena compartirlo con todos.

Aprender, compartir y seguir

¿Sabes cómo sería estar de pie al lado de un cuellilargo? ¿Sabes de qué tamaño son las bacterias que hacen que te pongas enfermo? ¿Sabes que hay estrellas donde entraríamos el Sol y la Tierra a la vez?

Bueno, pincha en la foto y te garantizo que vas a descubrir cosas sorprendentes. Ponlo en pantalla completa, y muévete desde las partes del átomo hasta todo el universo conocido.

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¿Te ha gustado?

Pues puedes seguir sorprendiéndote aquí:

universo

¡A disfrutar!

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MOTIVACIÓN I: El nivel olvidado

Muchas son las teorías que explican cómo logramos motivarnos para realizar nuestras tareas con entusiasmo y las formas en que externamente se puede influir para que una persona trabaje más a gusto, mejor y con mayor eficiencia. En el mundo empresarial es algo a lo que se presta especial atención, ya que se traduce en mayores beneficios.

¿Y en el aprendizaje?

Estos días he tenido que hacer una serie de trabajos para un curso que estoy realizando, y mi MOTIVACION era que todo eso que estaba leyendo podía aplicarlo a mi área de interés: los procesos de aprendizaje.

Por ejemplo, en su famosa pirámide, Maslow nos lleva a reflexionar sobre cómo podemos clasificar las variopintas necesidades del ser humano.

La idea que intenta transmitirnos es que solo alcanzamos satisfacer nuestras necesidades superiores cuando las más básicas están satisfechas. Un hecho que llamó mi atención fue esa especie de ´frontera´que es el nivel tres: las necesidades sociales o de afiliación.

    Pirámide de Maslow


Pirámide de Maslow

Por un momento, imaginé a ese alumno desatento, desmotivado, que aparentemente no tiene aspiraciones, del que unos se quejan y otros pasan. Mi experiencia es que en este tercer nivel comienza y muchas veces termina el problema.

Vienen a mi mente algunos de los factores que provocan que el deterioro emocional sea la base o el agravante de muchos de los problemas en el aprendizaje. Para atajarlos, entre muchas otras recomendaciones posibles, destaco:

  • Evitar situaciones que provoquen indefensión en los alumnos. Algunos alumnos se quedan paralizados ante el temor de cometer un error. No participan en clase y consideran que hagan lo que hagan nunca mejorará su rendimiento escolar.
  • Fomentar una cultura de compañerismo. Sin caer en el  extremo de todos debemos ser amigos, educar en valores como el respeto y la aceptación de las diferencias entre pares.
  • Indagar en las preocupaciones de niños y adolescentes y los sentimientos que les producen. Hay situaciones que escapan a sus recursos y para ellos pueden ser dramáticas, y no buscarán nuestro apoyo si sienten que menospreciamos sus problemas por considerarlos ´cosas de chicos´.
  • Y entre muchos otros, no escatimar esfuerzos en la tarea de promover y fortalecer una sana autoestima, que no parece una tarea tan complicada si hacemos caso a Rick Lavoie

En siguientes posts seguiremos revisando las distintas teorías de la motivación aplicadas al aprendizaje.

Cambio queja por opciones

takeasmile_2(fuente:http://desmotivaciones.es/3346622/Toma-una-sonrisa)

Si leyeras este anuncio ¿llamarías a informarte?

Gran parte de las energías que utilizo en mi trabajo las dedico a escuchar quejas, porque son una fuente de información enorme. Pero debo acotar el tiempo con permiso a queja porque sino dedicaría a ello todo el día. Escuchar quejas cansa enormemente, porque sabes que quien se queja (contrario al que comparte sus problemas) normalmente no espera soluciones, solo quiere quejarse. Esto lo digo para que sea más fácil de comprender por qué ante quienes se quejan habitualmente las opciones usuales  son:

a) marcharse

b) crear un filtro protector y desconectar

Puede que sea toda una revelación para ti, pero si eres de los que se quejan mucho, las personas que estando a tu alrededor eligen estas opciones no son sordas, no son malas ni pasan de tu sufrimiento. Simplemente intentan protegerse.

También encontrarás personas que siguen el juego de la queja, porque desde luego tiene una función social . En su medida, nos permite un desahogo, pero lo normal es que nos excedamos. Hasta somos capaces de fingir queja para sentir que pertenecemos a un grupo o tener algo de lo que charlar. Todos compartimos algún motivo de descontento y estamos tentados a entablar una especie de competencia: quien se queje menos, paga la cuenta.

La queja cansa a quien la escucha y sobre todo daña a quien la emite. Activa el enfado, el descontento y te coloca lenta e inconscientemente en una posición peligrosa: la de víctima.

Paradójicamente, sentirse víctima puede resultar cómodo, porque te disculpa y deposita en lo externo las causas de lo que te ocurre y sientes.

Me llamo X, soy quejos@ compulsiv@.

En ciertas situaciones, trabajar el hábito de la queja es complicado, porque realmente no hay muchas opciones para solucionar un problema concreto, pero sí puedes hacer algo con la manera en que lo vives y la experiencia que puedes obtener de esa situación.  Además, nuestra falsa amiga solo nos da alivio momentáneo y no nos entrena ni aporta nada para el momento en que SÍ dispongamos de una salida.

Si caes en las garras de este vicio, normalmente la gente se alejará, reduciendo aún más tus oportunidades de cambio. Una cosa es la empatía y el altruismo, una muy diferente es ser masoquista.

Casi todo en esta vida tiene un carácter temporal. Si no el hecho en sí, al menos la forma en que la percibimos. El día que el problema desaparezca, el día que puedas irte de ese trabajo que no soportas, el día que cumplas por fin los 18, el día que el dolor por una pérdida  sea menos intenso, tienes que estar list@ para reaccionar.

1.¿Qué gano quejándome?

Habrá tantos motivos como personas y quejas. Pero ayer me respondieron una particularmente útil para empezar a trabajar:  ´no ser culpable´. Creo sinceramente, que la solución a la culpa no es la queja, es cambiar la idea de culpa por la de responsabilidad. En breve trataré este tema.

2-Motivos de queja.

Una forma interesante de comenzar a lidiar con este  hábito dañino es describir tu realidad sin queja mediante. Escribe una lista y valora si realmente lo que lees en esa lista coincide con tu percepción. ¿Realmente es tan horrible tu día a día? ¿Cuántos motivos reales de queja tienes?

3-Sustitución

Cuando sientas que la queja está tomando forma en tu cabeza, no la enuncies, y sustitúyela por un ¿qué puedo hacer? Dilo en voz alta si te hace falta, tómate un momento para buscar una opción. Si en alguna (en muchas) ocasiones  la respuesta es ´nada´, también es valiosa.

No pretendas cambiar de un día para otro. Comienza realizando este ejercicio una o dos veces al día, atendiendo a sensaciones y estados de ánimo. Observa los cambios a tu alrededor.

4-Reírte

Si aprendes a reírte de tí mismo, tienes la mitad de los caminos andados. Incluso el de solucionar tu adicción a la queja. Cada vez que estoy a punto de quejarme, me imagino corriendo una maratón con tacones altísimos: la felicidad no se alcanza desde la queja.  Me miro a mí misma desde fuera y me veo realmente cómica quejándome de ciertas cosas teniendo tantas y tantas cosas buenas por las que agradecer y a la vez, problemas reales que requieren de mi energía. La risa y la queja son incompatibles. Además la risa mejora tu salud.

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5-Quéjate, pero quéjate bien.

En muchas ocasiones, no estará en tu mano solucionar aquello que te aflije. Enfádate genuinamente si lo consideras oportuno, busca con quien compartir lo que te ocurre, acepta la realidad y sigue. Expresa tu necesidad de hablar sobre un problema para aclarar ideas, tomar perspectiva, o simplemente desahogarte: lograrás que te escuchen con atención. Advierte de esto a tu interlocutor, elije el momento y la situación adecuada. Como dije antes, pero al revés: la gente no es masoquista, pero sí empática y altruista.

Abandonando el Síndrome Picard

Gary North, un economista americano, haciéndose eco de la gran cantidad de población que en los primeros años del siglo XXI preferían la lectura de libros en papel a los libros electrónicos, denominó a este fenómeno el Síndrome Picard, en alusión al excéntrico capitán de la serie Star Trek TNG que leía libros de papel durante sus viajes espaciales.

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Como le ocurría al Capitán Picard, considero a los libros compañeros de viaje, por lo que mi reflexión parte de mi propia experiencia como lectora con suerte: desde pequeña escogía los textos más densos y menos solicitados de la biblioteca, para construir mi conocimiento e imaginario a partir de las piezas que en ellos encontraba, renegando de la guía o sugerencia de otros, de los resúmenes o síntesis ajenas. EL LIBRO era para mí la única fuente fiable. Lo demás, documentales y películas, eran para mí fuentes lentas, distorsionadas e incompletas: una selección de piezas hecha por otro, y en la que muchas veces detectaba vacíos.

Un día, abro los ojos y el mundo ha cambiado: los documentales son obras de arte profundamente conmovedoras, las películas nos traen imágenes más allá de nuestra imaginación, lo lejano está en nuestra pantalla y podemos participar desde aquí, allí. Talentos anónimos nos regalan obras maravillosas a la vez que fugaces y textos profundos, exquisitos, llenos de contenido, que de otra forma no llegarían a nosotros.

El libro como herramienta de aprendizaje

Como persona autodidacta me frustra ver la falta de sintonía existente entre libros y estudiantes en la actualidad y la ineficacia del libro de texto como herramienta de aprendizaje. Aceptar que la relación estudiante/libro está deteriorada y superar este duelo me introdujo de lleno en las TICs.

Los alumnos de hoy ven al libro como una fuente lenta y poco atractiva. Reflexionando con ellos sobre el tema que nos ocupa, me cuentan que no saben estudiar a partir de un libro de texto, que a veces ni siquiera los abren a lo largo de un curso y que sienten que muchos docentes son cómplices de esta situación. ¿Y qué se podría cambiar? Los alumnos piden sentirse atraídos de alguna manera a sus páginas. Observan una fractura entre lo que los libros ofrecen y lo que el aprendizaje (ya no el alumno en sí) demanda. A eso se suma la escasa o nula adaptabilidad del libro estándar, cuando de sobra sabemos que hay tantos estilos de aprendizaje como alumnos en un aula.

A esta altura me parece una falta de respeto exigirle a un estudiante, rodeado de estímulos y fuentes informativas que desee pasar la tarde sentado frente a unas páginas que no le brindan respuestas para enfrentar la realidad. Sus pensamientos van a una velocidad que no es compatible con la lectura de un texto cuyos vacíos permiten que se cuelen mil ideas por la mente del lector.

(fuente: http://encuentro.educared.org/page/presencial-tema-5-mexico)

Un lector informado y crítico desde edades muy tempranas, y que tiene mucho que decir. Solo falta un libro que sepa escuchar y reaccionar, evolucionar a partir de esa opinión. Un proceso de feedback imprescindible para una comunicación libro-alumno eficaz. ¿He dicho comunicación? Sí, esa posibilidad no parece tan lejana.

(fuente: http://www.scoop.it/t/aprendiendo-del-mundo/p/3997044240/concept-video-shows-the-book-of-the-future-edudemic)

Para comprender esta realidad, me comprometí a vivirla. Comencé tímidamente, pero en la actualidad, mi aprendizaje está digitalizado en un 90%. Mi primera experiencia de aprendizaje multimedia fue tan cómica como puede ser un paseo en ausencia de gravedad. Hipervínculos, videos, actividades interactivas, foros, mensajes y cientos de personas compartiendo y opinando.

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Suplicábamos a los tutores los textos en pdf para imprimir. Un texto secuencial, compacto, contenido, limitado que nos explicara cómo diseñar materiales para e-learning. Con gran acierto, nos fueron negados.  Me supuso un enorme esfuerzo de voluntad someterme a ese nuevo formato pero varios cursos después, invertí el experimento: aprender algo nuevo con un libro ´al uso´. Me costó más de un intento volver a sincronizarme con el flujo de información que obtenía de la lectura. Iba a la web constantemente para ampliar conceptos. Comencé a comprender el esfuerzo que para nuestros alumnos supone navegar por el inerte y plano libro que les ponemos enfrente a diario. Y lo más curioso. Me sentía sola.

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¿Cómo puede reinventarse el libro, en particular el libro de texto? No con esquemas. No con colores. A mi modo de ver, con la sensación de poder flotar entre las piezas de contenido, cazarlas por su brillo, estirarse para alcanzar aquella más lejana e incluso ir un poco más allá. Son sonidos, experiencias, emociones, música, compañía en la pestaña de al lado, feedback inmediato. Es la realidad que brota y envuelve. Es el alumno involucrado y comprometido: el libro como una entidad viva y en evolución permanente, el lector como parte de algo más grande sin ´aquís´ ni ´ahoras´.

Pese a lo expuesto, en ocasiones pienso que algunas de nuestras habilidades se resentirán por el cambio. Cuando leía, asignaba emoción y valor a cada uno de los contenidos que adquiría, creando y recreando vínculos entre ellos. ¿Podría haber desarrollado esta capacidad de haberme educado en un espacio multimedia? ¿Hubiera mi imaginación tenido el mismo desarrollo si otro hubiera puesto música de fondo en cada escena de cuento, rostro y voz a cada personaje, atajos para llegar al final de la historia? ¿Habría movido cielo y tierra para conocer lugares de los que solo conocía algún relato o foto? ¿Sería mi curiosidad tan intensa?

No necesitamos cazar para alimentarnos. Posiblemente multitud de procesos mentales a la hora de aprender no sean necesarios en un futuro cercano. Miles de millones de neuronas se verán desahogadas, pero ninguna de ellas disfruta haciendo nada. ¿Dónde llegaremos con todas esas capacidades liberadas y sincronizadas más allá del tiempo y del espacio? Sueño entonces con el libro como punto de reunión, donde para estar lo único imprescindible será desearlo.

Este texto corresponde a una tarea propuesta en el curso MOOC ´Educación digital del futuro´ que estoy realizando en MiriadaX . En la primera parte se analiza, cómo no, qué pasará con el libro, o mejor, que imaginamos que puede pasar. Agradezco a los compañeros que evaluaron este trabajo sus enriquecedoras sugerencias.