Se pronuncia ´MUCs´: los cursos online masivos en abierto

Iba a dedicar esta mañana a hablar sobre los MOOCs (Massive  Open Online Courses, Cursos on-line masivos en abierto o COMA en algunas universidades españolas). Este estupendo post me ha ahorrado la tarea, así que solo agregaré mi experiencia personal.

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Hace un año más o menos, las propuestas de estos cursos inundaron mis buscadores como opciones de aprendizaje on line. Para opinar sobre ello y comenzar a recomendarlos, decidí vivir la experiencia en primera persona. Pese a mi entusiasmo genuino y desbordante, nadie en mi entorno me ha seguido.

A los MOOCs les queda mucho por andar. Esto no significa que no haya cursado alguno magnífico: ayer entregué con algo de pena mi último trabajo para la evaluación P2P en uno de ellos (evaluación entre compañeros) con la sensación que te queda después de ver una excelente película: podrás volver a verla, pero no te sentirás sorprendid@. Otros sin embargo, merecían ser abandonados sin culpa. En mi caso, como también estaba interesada en lo que no se debe hacer en un MOOC los seguí hasta el final.

Pero más nos queda (me incluyo) andar a los alumnos. Solo el 10 % de quienes se apuntan, dice Javier en su post, terminan los cursos. Me sorprende el dato: creía que menos. Las quejas que he leído por parte de algunos alumnos en los foros eran propias de un patio de colegio.

Es verdad que sé estudiar sin nadie detrás de mí, llevo años haciéndolo: requiere enormes dosis de compromiso y autodisciplina. Por ello he agradecido inmensamente la gamificación y las evaluaciones entre pares. Pero nadie, ni el mejor profesor, ni el mejor sistema, te pueden enseñar nada sino tienes un mínimo compromiso contigo mismo.

Algunos que nos dedicamos a la enseñanza nos ocupamos de ayudar a otros a descubrir en sí mismos esas actitudes que les permitirán abordar un proceso de aprendizaje autónomo, dejando de lado con cierta pena las clases magistrales. Sin embargo, otros profesores tienen que dedicar su tiempo a diseñar  cursos de calidad, atractivos por qué no, pero dirigidos a  gente que ya tiene esas ganas instaladas. Y jamás podrás disfrutarlos sino pones lo que hace falta de tu parte.

Abandonando el Síndrome Picard

Gary North, un economista americano, haciéndose eco de la gran cantidad de población que en los primeros años del siglo XXI preferían la lectura de libros en papel a los libros electrónicos, denominó a este fenómeno el Síndrome Picard, en alusión al excéntrico capitán de la serie Star Trek TNG que leía libros de papel durante sus viajes espaciales.

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Como le ocurría al Capitán Picard, considero a los libros compañeros de viaje, por lo que mi reflexión parte de mi propia experiencia como lectora con suerte: desde pequeña escogía los textos más densos y menos solicitados de la biblioteca, para construir mi conocimiento e imaginario a partir de las piezas que en ellos encontraba, renegando de la guía o sugerencia de otros, de los resúmenes o síntesis ajenas. EL LIBRO era para mí la única fuente fiable. Lo demás, documentales y películas, eran para mí fuentes lentas, distorsionadas e incompletas: una selección de piezas hecha por otro, y en la que muchas veces detectaba vacíos.

Un día, abro los ojos y el mundo ha cambiado: los documentales son obras de arte profundamente conmovedoras, las películas nos traen imágenes más allá de nuestra imaginación, lo lejano está en nuestra pantalla y podemos participar desde aquí, allí. Talentos anónimos nos regalan obras maravillosas a la vez que fugaces y textos profundos, exquisitos, llenos de contenido, que de otra forma no llegarían a nosotros.

El libro como herramienta de aprendizaje

Como persona autodidacta me frustra ver la falta de sintonía existente entre libros y estudiantes en la actualidad y la ineficacia del libro de texto como herramienta de aprendizaje. Aceptar que la relación estudiante/libro está deteriorada y superar este duelo me introdujo de lleno en las TICs.

Los alumnos de hoy ven al libro como una fuente lenta y poco atractiva. Reflexionando con ellos sobre el tema que nos ocupa, me cuentan que no saben estudiar a partir de un libro de texto, que a veces ni siquiera los abren a lo largo de un curso y que sienten que muchos docentes son cómplices de esta situación. ¿Y qué se podría cambiar? Los alumnos piden sentirse atraídos de alguna manera a sus páginas. Observan una fractura entre lo que los libros ofrecen y lo que el aprendizaje (ya no el alumno en sí) demanda. A eso se suma la escasa o nula adaptabilidad del libro estándar, cuando de sobra sabemos que hay tantos estilos de aprendizaje como alumnos en un aula.

A esta altura me parece una falta de respeto exigirle a un estudiante, rodeado de estímulos y fuentes informativas que desee pasar la tarde sentado frente a unas páginas que no le brindan respuestas para enfrentar la realidad. Sus pensamientos van a una velocidad que no es compatible con la lectura de un texto cuyos vacíos permiten que se cuelen mil ideas por la mente del lector.

(fuente: http://encuentro.educared.org/page/presencial-tema-5-mexico)

Un lector informado y crítico desde edades muy tempranas, y que tiene mucho que decir. Solo falta un libro que sepa escuchar y reaccionar, evolucionar a partir de esa opinión. Un proceso de feedback imprescindible para una comunicación libro-alumno eficaz. ¿He dicho comunicación? Sí, esa posibilidad no parece tan lejana.

(fuente: http://www.scoop.it/t/aprendiendo-del-mundo/p/3997044240/concept-video-shows-the-book-of-the-future-edudemic)

Para comprender esta realidad, me comprometí a vivirla. Comencé tímidamente, pero en la actualidad, mi aprendizaje está digitalizado en un 90%. Mi primera experiencia de aprendizaje multimedia fue tan cómica como puede ser un paseo en ausencia de gravedad. Hipervínculos, videos, actividades interactivas, foros, mensajes y cientos de personas compartiendo y opinando.

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Suplicábamos a los tutores los textos en pdf para imprimir. Un texto secuencial, compacto, contenido, limitado que nos explicara cómo diseñar materiales para e-learning. Con gran acierto, nos fueron negados.  Me supuso un enorme esfuerzo de voluntad someterme a ese nuevo formato pero varios cursos después, invertí el experimento: aprender algo nuevo con un libro ´al uso´. Me costó más de un intento volver a sincronizarme con el flujo de información que obtenía de la lectura. Iba a la web constantemente para ampliar conceptos. Comencé a comprender el esfuerzo que para nuestros alumnos supone navegar por el inerte y plano libro que les ponemos enfrente a diario. Y lo más curioso. Me sentía sola.

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¿Cómo puede reinventarse el libro, en particular el libro de texto? No con esquemas. No con colores. A mi modo de ver, con la sensación de poder flotar entre las piezas de contenido, cazarlas por su brillo, estirarse para alcanzar aquella más lejana e incluso ir un poco más allá. Son sonidos, experiencias, emociones, música, compañía en la pestaña de al lado, feedback inmediato. Es la realidad que brota y envuelve. Es el alumno involucrado y comprometido: el libro como una entidad viva y en evolución permanente, el lector como parte de algo más grande sin ´aquís´ ni ´ahoras´.

Pese a lo expuesto, en ocasiones pienso que algunas de nuestras habilidades se resentirán por el cambio. Cuando leía, asignaba emoción y valor a cada uno de los contenidos que adquiría, creando y recreando vínculos entre ellos. ¿Podría haber desarrollado esta capacidad de haberme educado en un espacio multimedia? ¿Hubiera mi imaginación tenido el mismo desarrollo si otro hubiera puesto música de fondo en cada escena de cuento, rostro y voz a cada personaje, atajos para llegar al final de la historia? ¿Habría movido cielo y tierra para conocer lugares de los que solo conocía algún relato o foto? ¿Sería mi curiosidad tan intensa?

No necesitamos cazar para alimentarnos. Posiblemente multitud de procesos mentales a la hora de aprender no sean necesarios en un futuro cercano. Miles de millones de neuronas se verán desahogadas, pero ninguna de ellas disfruta haciendo nada. ¿Dónde llegaremos con todas esas capacidades liberadas y sincronizadas más allá del tiempo y del espacio? Sueño entonces con el libro como punto de reunión, donde para estar lo único imprescindible será desearlo.

Este texto corresponde a una tarea propuesta en el curso MOOC ´Educación digital del futuro´ que estoy realizando en MiriadaX . En la primera parte se analiza, cómo no, qué pasará con el libro, o mejor, que imaginamos que puede pasar. Agradezco a los compañeros que evaluaron este trabajo sus enriquecedoras sugerencias.