Motivación II: ¿tocas en clave de x o de y?

Uno de los temas más desesperantes en estos días para quienes trabajamos con estudiantes pasa por su falta de motivación. Las noticias, el mal ambiente general, la sensación de ´no hay futuro´ y algo tan de toda la vida como es el efecto primavera, nos ponen el trabajo cuesta arriba.

Hay que asumir que motivar a un estudiante no es cuestión de una táctica, sino de infinidad de ellas. Tal como nos ocurre a los adultos, les motivan distintas cosas. Cambiamos de metas e intereses a lo largo de nuestra vida, pero en esta época los cambios se suceden a velocidades vertiginosas, sin previo aviso y nos exigen a profesores, tutores, madres y padres estar en continuo estado de alerta para modificar y adaptar las estrategias que empleamos. Lo que sirve hoy en una semana puede que sea completamente inútil.

En este post ya revisé las teorías de Maslow. Pero hay muchas otras formas de explicar por qué hacemos las cosas con mayor o menor entusiasmo o cómo influir sobre él. Escapándonos de nuevo al mundo de la empresa, Douglas McGregor nos dice que hay dos formas de pensamiento excluyentes desde las que nos perciben los directivos. Están aquellos que siguen la  “Teoría X” y consideran que los trabajadores sólo actúan bajo amenazas, y los que comulgan con la “Teoría Y” partiendo de la base de que la gente vive el trabajo como algo natural y quiere hacerlo, encontrando en ello satisfacción.

Antes de continuar, os invito a ver este video donde Sir Ken Robinson, un gran crítico del sistema educativo, y con cuyas ideas comulgo especialmente, realiza un análisis del estado de las cosas.

Volviendo al tema que nos ocupa, es verdad que desde la época donde se defendía que la letra con sangre entra hasta nuestros días, se ha avanzado mucho.  Pero aunque nos guste hablar en términos de la teoría y, el suspenso, el verano estudiando en vez de disfrutando con los amigos y los premios que no vendrán (por cierto, premios que nunca se debieron ofrecer) nos sumergen de lleno en el desesperado recurso de la amenaza…. y en la teoría x, esa que supuestamente no es la nuestra.

La teoría x supone que la tendencia natural al ocio y la percepción de que el trabajo inherente en este caso al proceso de aprendizaje es una forma de castigo. Pues sí, el alumno muchas veces lo vive así porque así se lo hemos planteado. También nos dice esta teoría, que, ante tal realidad,  la supervisión y la motivación solo pueden venir del exterior.Con amor, con cariño, como quieras, pero desde el exterior.

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Por el contrario, la teoría y nos lleva a pensar que el estudiante encuentra en el aprendizaje suficiente satisfacción y que se esforzará para lograr los mejores resultados posibles sin necesidad de presión externa. (Como confíes en esto, con el programa de estudios actual, prepárate)

Lo cierto es que, como todos hemos visto y vivido en carne propia cuando estudiantes, se dan ambas situaciones. Hay ocasiones en las que por más curioso y ávido de conocimiento sea un alumno se aburre o lo que intenta estudiar carece de sentido para él. Es más, intuye o sabe que no le servirá en la vida real. En tales circunstancias, el marco fuerza a que nuestro estudiante encaje a la perfección en los supuestos de la teoría x y, conscientes de ello, obtenemos en apariencia mejores resultados (sobre todo, más inmediatos): mejores notas, tareas acabadas a su hora, etc.Esta comodidad nos lleva a  desaprovechar momentos donde podríamos utilizar métodos más propios de la teoría y. Una consecuencia nefasta de nuestra falta de reacción es que no permitimos que el estudiante se experimente a sí mismo como alguien capaz de asumir las riendas y hacer propio el orgullo de su éxito.

Cuando un alumno se enfrenta a un tutor teoría y, lo normal es que no sepa cómo reaccionar. Su expresión inicial es la de estar buscando la cámara oculta: muchas veces sienten que ¿con qué color quieres escribir? es en realidad una trampa. La siguiente actitud es de miedo a contestar cualquier pregunta de contenido, aun cuando se le ha asegurado que no está bajo evaluación.

´Mi hijo de pronto me suspende todas´

Esta debe ser una de las frases que más escucho, coincidiendo con cambios de ciclo. Lo habitual es que  descubramos que ese alumno no sabe qué hacer sin supervisión, y, tal como predice la teoría x, prefiere que se le dirija evitando toda responsabilidad, y ansiando por encima de todo, seguridad. Y le culpabilizamos por ello: ´nos suspende´.

¿Qué responsabilidad quiere evitar? La de decidir si con los ejercicios que le mandó el profesor para practicar alcanza para comprender el examen o necesita buscar algunos más. ¿Qué seguridad busca? La de que si estudia lo que le han mandado, aprobará. Así, cuando la dirección desaparece, simplemente el alumno no sabe qué hacer.

¿Tiene entonces la teoría x la razón? No. Simplemente, la forma en la que hemos educado durante las etapas iniciales a nuestros alumnos han hecho que parezca que la tiene. No son pocas mis experiencias ´rehabilitando´ víctimas de la teoría x que con mayor o menor esfuerzo logran liberarse del estigma de vagos sin rumbo que tal visión les imprime.

¿ Necesita tu hijo o alumno un cambio de teoría? Haz este experimento. Dale una hoja en blanco y varios colores. Dile que escriba lo que quiera, como quiera y donde quiera. Tal y como nos cuenta el video, un niño de 5 años sabrá qué hacer. Es más, se olvidará de que existes, hará un impresionante dibujo y no le importará tu opinión. Uno de diez, posiblemente, se te quede mirando. Lo más seguro es que escoja el bolígrafo azul o un lápiz, escriba algo y te pregunte si está bien o si eso era lo que querías. Uno más mayor te dirá ´pero qué pongo´ mientras comprendes que es urgente cambiar algo.

El momento de comenzar a rehabilitar a nuestro chico o chica fraguados en la teoría x es ya. No hace falta esperar que el sistema educativo cambie por completo (no ocurrirá ni en el corto ni en el mediano plazo). Podemos introducir pequeñas modificaciones desde una clase, o a la hora de hacer los deberes en casa. Estaría bien que comenzáramos por ver ese video con ellos, y plantearles el desafío de aprender a la vez que aprobar, de que sus extraordinarias capacidades sobrevivan al sistema aunque pase por él, desafiándole a ser el héroe de su propia vida.

En términos de una teoría u otra, lo aconsejable sería empezar cada día con la visión ´y´: ya habrá tiempo para recurrir a la supervisión y a la motivación externa según se acerque la hora de la cena o la fecha del examen. No es cuestión de dejarles sin mapa en medio de un desierto: pueden tener la edad para ser responsables de sus tareas pero no el entrenamiento. Planteada una tarea, no estaría de más permitir que el alumno la desarrolle con libertad, valore los resultados con nosotros y nos comente si realmente se siente satisfecho con lo que ha hecho. En la medida que el resultado sea aceptable (aunque no excelente) dejar que experimente la consecuencia de su decisión. Un ´aprobadillo´ obtenido bajo estas circunstancias es mucho más provechoso que un 10 bajo supervisión estrecha.

Hace unos pocos días, un alumno con el que trabajo tenía que realizar dos tareas. Por primera vez en años, decidió y justificó el orden en que iba a realizarlas espontáneamente, sin intentar que yo se lo indicara . Respeté su posición, elogié su actitud y le permití experimentar el éxito conseguido al aplicar su estrategia: terminó a tiempo sus tareas. Este hecho, aparentemente superfluo, provocó en él un cambio radical de actitud, aumentando su participación en los grupos de trabajo y ganando confianza suficiente como para expresar sus propias ideas.

Si pretendemos que el adulto de mañana viva el esfuerzo como algo natural y los logros como fuente de satisfacción personal, debemos permitir que experimenten tal visión desde sus primeros pasos. La realidad es que, hoy por hoy, muchos alumnos de instituto o bachillerato, jamás han sentido la libertad de decidir sobre nada respecto a sus estudios. No esperemos entonces que cuando salgan a la vida, sean emprendedores, creativos y autónomos si siempre les hemos dicho qué, cuándo y cuánto hacer.

Se pronuncia ´MUCs´: los cursos online masivos en abierto

Iba a dedicar esta mañana a hablar sobre los MOOCs (Massive  Open Online Courses, Cursos on-line masivos en abierto o COMA en algunas universidades españolas). Este estupendo post me ha ahorrado la tarea, así que solo agregaré mi experiencia personal.

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Hace un año más o menos, las propuestas de estos cursos inundaron mis buscadores como opciones de aprendizaje on line. Para opinar sobre ello y comenzar a recomendarlos, decidí vivir la experiencia en primera persona. Pese a mi entusiasmo genuino y desbordante, nadie en mi entorno me ha seguido.

A los MOOCs les queda mucho por andar. Esto no significa que no haya cursado alguno magnífico: ayer entregué con algo de pena mi último trabajo para la evaluación P2P en uno de ellos (evaluación entre compañeros) con la sensación que te queda después de ver una excelente película: podrás volver a verla, pero no te sentirás sorprendid@. Otros sin embargo, merecían ser abandonados sin culpa. En mi caso, como también estaba interesada en lo que no se debe hacer en un MOOC los seguí hasta el final.

Pero más nos queda (me incluyo) andar a los alumnos. Solo el 10 % de quienes se apuntan, dice Javier en su post, terminan los cursos. Me sorprende el dato: creía que menos. Las quejas que he leído por parte de algunos alumnos en los foros eran propias de un patio de colegio.

Es verdad que sé estudiar sin nadie detrás de mí, llevo años haciéndolo: requiere enormes dosis de compromiso y autodisciplina. Por ello he agradecido inmensamente la gamificación y las evaluaciones entre pares. Pero nadie, ni el mejor profesor, ni el mejor sistema, te pueden enseñar nada sino tienes un mínimo compromiso contigo mismo.

Algunos que nos dedicamos a la enseñanza nos ocupamos de ayudar a otros a descubrir en sí mismos esas actitudes que les permitirán abordar un proceso de aprendizaje autónomo, dejando de lado con cierta pena las clases magistrales. Sin embargo, otros profesores tienen que dedicar su tiempo a diseñar  cursos de calidad, atractivos por qué no, pero dirigidos a  gente que ya tiene esas ganas instaladas. Y jamás podrás disfrutarlos sino pones lo que hace falta de tu parte.

MOTIVACIÓN I: El nivel olvidado

Muchas son las teorías que explican cómo logramos motivarnos para realizar nuestras tareas con entusiasmo y las formas en que externamente se puede influir para que una persona trabaje más a gusto, mejor y con mayor eficiencia. En el mundo empresarial es algo a lo que se presta especial atención, ya que se traduce en mayores beneficios.

¿Y en el aprendizaje?

Estos días he tenido que hacer una serie de trabajos para un curso que estoy realizando, y mi MOTIVACION era que todo eso que estaba leyendo podía aplicarlo a mi área de interés: los procesos de aprendizaje.

Por ejemplo, en su famosa pirámide, Maslow nos lleva a reflexionar sobre cómo podemos clasificar las variopintas necesidades del ser humano.

La idea que intenta transmitirnos es que solo alcanzamos satisfacer nuestras necesidades superiores cuando las más básicas están satisfechas. Un hecho que llamó mi atención fue esa especie de ´frontera´que es el nivel tres: las necesidades sociales o de afiliación.

    Pirámide de Maslow


Pirámide de Maslow

Por un momento, imaginé a ese alumno desatento, desmotivado, que aparentemente no tiene aspiraciones, del que unos se quejan y otros pasan. Mi experiencia es que en este tercer nivel comienza y muchas veces termina el problema.

Vienen a mi mente algunos de los factores que provocan que el deterioro emocional sea la base o el agravante de muchos de los problemas en el aprendizaje. Para atajarlos, entre muchas otras recomendaciones posibles, destaco:

  • Evitar situaciones que provoquen indefensión en los alumnos. Algunos alumnos se quedan paralizados ante el temor de cometer un error. No participan en clase y consideran que hagan lo que hagan nunca mejorará su rendimiento escolar.
  • Fomentar una cultura de compañerismo. Sin caer en el  extremo de todos debemos ser amigos, educar en valores como el respeto y la aceptación de las diferencias entre pares.
  • Indagar en las preocupaciones de niños y adolescentes y los sentimientos que les producen. Hay situaciones que escapan a sus recursos y para ellos pueden ser dramáticas, y no buscarán nuestro apoyo si sienten que menospreciamos sus problemas por considerarlos ´cosas de chicos´.
  • Y entre muchos otros, no escatimar esfuerzos en la tarea de promover y fortalecer una sana autoestima, que no parece una tarea tan complicada si hacemos caso a Rick Lavoie

En siguientes posts seguiremos revisando las distintas teorías de la motivación aplicadas al aprendizaje.

Abandonando el Síndrome Picard

Gary North, un economista americano, haciéndose eco de la gran cantidad de población que en los primeros años del siglo XXI preferían la lectura de libros en papel a los libros electrónicos, denominó a este fenómeno el Síndrome Picard, en alusión al excéntrico capitán de la serie Star Trek TNG que leía libros de papel durante sus viajes espaciales.

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Como le ocurría al Capitán Picard, considero a los libros compañeros de viaje, por lo que mi reflexión parte de mi propia experiencia como lectora con suerte: desde pequeña escogía los textos más densos y menos solicitados de la biblioteca, para construir mi conocimiento e imaginario a partir de las piezas que en ellos encontraba, renegando de la guía o sugerencia de otros, de los resúmenes o síntesis ajenas. EL LIBRO era para mí la única fuente fiable. Lo demás, documentales y películas, eran para mí fuentes lentas, distorsionadas e incompletas: una selección de piezas hecha por otro, y en la que muchas veces detectaba vacíos.

Un día, abro los ojos y el mundo ha cambiado: los documentales son obras de arte profundamente conmovedoras, las películas nos traen imágenes más allá de nuestra imaginación, lo lejano está en nuestra pantalla y podemos participar desde aquí, allí. Talentos anónimos nos regalan obras maravillosas a la vez que fugaces y textos profundos, exquisitos, llenos de contenido, que de otra forma no llegarían a nosotros.

El libro como herramienta de aprendizaje

Como persona autodidacta me frustra ver la falta de sintonía existente entre libros y estudiantes en la actualidad y la ineficacia del libro de texto como herramienta de aprendizaje. Aceptar que la relación estudiante/libro está deteriorada y superar este duelo me introdujo de lleno en las TICs.

Los alumnos de hoy ven al libro como una fuente lenta y poco atractiva. Reflexionando con ellos sobre el tema que nos ocupa, me cuentan que no saben estudiar a partir de un libro de texto, que a veces ni siquiera los abren a lo largo de un curso y que sienten que muchos docentes son cómplices de esta situación. ¿Y qué se podría cambiar? Los alumnos piden sentirse atraídos de alguna manera a sus páginas. Observan una fractura entre lo que los libros ofrecen y lo que el aprendizaje (ya no el alumno en sí) demanda. A eso se suma la escasa o nula adaptabilidad del libro estándar, cuando de sobra sabemos que hay tantos estilos de aprendizaje como alumnos en un aula.

A esta altura me parece una falta de respeto exigirle a un estudiante, rodeado de estímulos y fuentes informativas que desee pasar la tarde sentado frente a unas páginas que no le brindan respuestas para enfrentar la realidad. Sus pensamientos van a una velocidad que no es compatible con la lectura de un texto cuyos vacíos permiten que se cuelen mil ideas por la mente del lector.

(fuente: http://encuentro.educared.org/page/presencial-tema-5-mexico)

Un lector informado y crítico desde edades muy tempranas, y que tiene mucho que decir. Solo falta un libro que sepa escuchar y reaccionar, evolucionar a partir de esa opinión. Un proceso de feedback imprescindible para una comunicación libro-alumno eficaz. ¿He dicho comunicación? Sí, esa posibilidad no parece tan lejana.

(fuente: http://www.scoop.it/t/aprendiendo-del-mundo/p/3997044240/concept-video-shows-the-book-of-the-future-edudemic)

Para comprender esta realidad, me comprometí a vivirla. Comencé tímidamente, pero en la actualidad, mi aprendizaje está digitalizado en un 90%. Mi primera experiencia de aprendizaje multimedia fue tan cómica como puede ser un paseo en ausencia de gravedad. Hipervínculos, videos, actividades interactivas, foros, mensajes y cientos de personas compartiendo y opinando.

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Suplicábamos a los tutores los textos en pdf para imprimir. Un texto secuencial, compacto, contenido, limitado que nos explicara cómo diseñar materiales para e-learning. Con gran acierto, nos fueron negados.  Me supuso un enorme esfuerzo de voluntad someterme a ese nuevo formato pero varios cursos después, invertí el experimento: aprender algo nuevo con un libro ´al uso´. Me costó más de un intento volver a sincronizarme con el flujo de información que obtenía de la lectura. Iba a la web constantemente para ampliar conceptos. Comencé a comprender el esfuerzo que para nuestros alumnos supone navegar por el inerte y plano libro que les ponemos enfrente a diario. Y lo más curioso. Me sentía sola.

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¿Cómo puede reinventarse el libro, en particular el libro de texto? No con esquemas. No con colores. A mi modo de ver, con la sensación de poder flotar entre las piezas de contenido, cazarlas por su brillo, estirarse para alcanzar aquella más lejana e incluso ir un poco más allá. Son sonidos, experiencias, emociones, música, compañía en la pestaña de al lado, feedback inmediato. Es la realidad que brota y envuelve. Es el alumno involucrado y comprometido: el libro como una entidad viva y en evolución permanente, el lector como parte de algo más grande sin ´aquís´ ni ´ahoras´.

Pese a lo expuesto, en ocasiones pienso que algunas de nuestras habilidades se resentirán por el cambio. Cuando leía, asignaba emoción y valor a cada uno de los contenidos que adquiría, creando y recreando vínculos entre ellos. ¿Podría haber desarrollado esta capacidad de haberme educado en un espacio multimedia? ¿Hubiera mi imaginación tenido el mismo desarrollo si otro hubiera puesto música de fondo en cada escena de cuento, rostro y voz a cada personaje, atajos para llegar al final de la historia? ¿Habría movido cielo y tierra para conocer lugares de los que solo conocía algún relato o foto? ¿Sería mi curiosidad tan intensa?

No necesitamos cazar para alimentarnos. Posiblemente multitud de procesos mentales a la hora de aprender no sean necesarios en un futuro cercano. Miles de millones de neuronas se verán desahogadas, pero ninguna de ellas disfruta haciendo nada. ¿Dónde llegaremos con todas esas capacidades liberadas y sincronizadas más allá del tiempo y del espacio? Sueño entonces con el libro como punto de reunión, donde para estar lo único imprescindible será desearlo.

Este texto corresponde a una tarea propuesta en el curso MOOC ´Educación digital del futuro´ que estoy realizando en MiriadaX . En la primera parte se analiza, cómo no, qué pasará con el libro, o mejor, que imaginamos que puede pasar. Agradezco a los compañeros que evaluaron este trabajo sus enriquecedoras sugerencias.

¿Por qué estudiar?

 (o  por qué hoy en casa se comen boquerones)

Una vez más, sin darme cuenta, estoy apuntada a montones de cursos y rompiéndome la cabeza para saber cómo organizar mi tiempo, porque además, tengo que trabajar, y me han concedido el tremendo honor de participar en una acción formativa para ´Enseñar a Enseñar´ cuando yo digo a gritos que lo que NO HAGO es enseñar…pero los que me observan dicen que sí y que me aguante.

´Un buen profesor no es el que sabe mucho sino el que sabe enseñar´

Esta frase es muy bonita, y si muchos la llevaran a la práctica, ganaríamos en calidad educativa lo inimaginable. Pero para los que estamos metidos hasta el fondo en la raíz de la cuestión (eso que se llama ´METAaprendizaje´ ) sabemos que se queda corta.

A mí en particular me sobra la palabra profesor si es una palabra que te pone a temblar. Prefiero cualquier palabra que signifique que el alumno en su presencia siente que ha llegado a casa y que se le va a dar un plato de contenidos apetitosos y una cuchara cómoda para devorarlos.

¿Y la palabra enseñar? Vamos a escaparnos con nuestra imaginación a una tienda fantástica, con unos precios bastante elevados para lo que estamos dispuestos a pagar. No sabemos cómo, pero un dependiente o dependienta ha conseguido que entremos a echar un ojo. De pronto se nos escapa un ´¿Me enseñas esa camiseta?´  Y nos la enseña con tal gracia y tan convincentemente que nos gastamos tres veces lo que teníamos planeado gastar en una camiseta que tal vez nunca lleguemos a ponernos…y por si fuera poco, felices a rabiar y contándoselo a todo el mundo. Así sí acepto la palabra enseñar.

Pero no, no me olvidé del título de este post.

¿POR QUÉ ESTUDIAR?

Simple y llanamente, para aprender. ¿No debería ser esa la respuesta obvia?

Lo hemos hecho tan mal que no, no lo es.  No lo es porque en el programa educativo hay cantidad de cosas que no te interesan en lo más mínimo (o mejor, no te interesan AHORA). No he encontrado una persona (de cualquier edad) que me dé con sinceridad esta respuesta. Los alumnos adolescentes me dicen esto con la esperanza de que les deje en paz (¡pobres ilusos!)

Voy a confesar una cosa. Esa es mi respuesta AHORA.  En aquellos tiempos, en tus tiempos, estudiaba porque me mandaban. Estudiaba porque unas buenas notas me permitían disfrutar de una beca, en vez de tener que enloquecerme buscando un trabajo de media jornada o de fin de semana. Estudiaba porque mis amigos eran todos unos ´empollones´ y disfrutaba de ese ambiente fraternal: horas sentados, juntos, para ganarnos los viernes el derecho a pizza con partida de Pictonary. Otras veces, lo que leía me resultaba tan tremendamente aburrido, que estudiaba el doble con la esperanza de no tener que volver a leer jamás nada relacionado con ese tema. Y en muchas ocasiones, estudiaba para demostrar a mi entorno (crecí en un ambiente excesivamente competitivo y agresivo) que era capaz de hacer cualquier cosa que me propusiera.

Pero a veces, aprendía cosas que me emocionaban y eso hacía que el estar sentada horas y horas me fuera soportable. Es más, el tiempo se hacía corto. Me enamoraba de lo que iba leyendo, escuchando, aprendiendo y todo esfuerzo era poco comparado con lo que obtenía. Me convertía en dueña de la realidad, sentía lo que entendía. Y con los años, fui descubriendo que podía buscar esa pasión. Que si ponía de mi parte, casi cualquier cosa era, para mí, digna de ser aprendida.

La sed de aprender viene con nosotros al mundo, lo dicen científicos de varias disciplinas y está comprobado. Si no fuera así, te aseguro que no hubieras pasado por el suplicio de aprender a caminar o de lograr hacerte entender hablando, mientras tu hermano o hermana se reían por lo mal que pronunciabas.

¿Qué te pasó por el camino? ¿Qué apagó esa necesidad de saber y ser más de lo que eres? ¿Por qué estudias tú?

Ayer una de mis pequeñas y más deliciosas alumnas me miró a los ojos y me dijo llena de rabia por la cuenta de dividir que acababa de plantearle:

´Es como si me obligaras a tomar un vaso de leche cortada´

Fue como un puñal en el corazón. Una frase reveladora. Que posiblemente modificará el rumbo de mi trabajo en el futuro.

Necesité experimentar por mí misma esa sensación, saber qué pasaría por mi cabeza ante una realidad así. Me levanté de esta silla, en mitad de este post y me fui a limpiar boquerones. Detesto limpiar boquerones, no hay nada intrínseco en esa actividad que me pueda motivar a hacerlo. Pero de cuando en cuando, lo hago. No lo pienso demasiado, me levanto y me pongo a ello. Esto es algo que me enseñó mi amiga Teresa, y lo digo para que entiendas que es tan grande mi problema con los boquerones que hasta tuve conversaciones sobre el tema.  Y quizá ese es el primer secreto que tienes que aplicar hoy cuando abras tus libros. Hacerlo sin más.

Mientras preparo todo, imagino la cara de mis hijas cuando al llegar del colegio descubran que tienen su comida favorita en la mesa. Serán felices durante ese rato, y, seamos egoístas, yo me convertiré por un momento en la mejor madre del planeta, y tendré garantizada una tarde de concordia y buen humor. ¿A que a veces piensas en algo así imaginando el ambiente familiar después de mostrar unas buenas notas?

Todas esas imágenes me ayudan a ponerme, pero, boquerón en mano, la imagen de la alegría de mis hijas va perdiendo fuerza. Al fin y al cabo, con unos caramelos conseguiría algo similar. Entonces, viene mi gran truco. Comienzo a observar el boquerón, a darme cuenta de los detalles, miro la textura del pequeño pescado, imagino el cardumen nadando, recuerdo cuánto me gusta el mar y la sensación del frío al sumergirme. La imagen de mi abuelo con los pantalones arremangados y la red casera llena hasta arriba de chanquetes para la hora de la comida. Y es así como la horrible tarea de limpiar los pescaditos me regaló media hora de profundo placer.

(Aclaro, me he duchado, metido toda la ropa en la lavadora y desinfectado hasta el último rincón de la cocina, con la esperanza de que no quede ni rastro de los boquerones, sigo odiando esta tarea)

Este ´post´ no pretende enseñar nada. Pretendía que me explicaras algo que se me escapa. Que me digas por qué prefieres mirar al vacío antes que aprender algo nuevo. Pero ya no. Ya no te pregunto por qué estudiar.

Te desafío a que consigas algo parecido a lo que yo logré esta mañana.

Un trabajo de lo mío

Hace unos días se repitió entre mis amigos la alegría de un puesto de trabajo después de mucho buscar.

´Ya, pero no es de lo mío´

¿Te ocurre algo similar? ¿A qué te refieres cuando hablas de lo mío? ¿Es realmente tu pasión, tu elemento, tal como nos lo cuenta Ken Robinson?  ¿O se reduce a lo que dice el título que te han dado al terminar tu formación?

Lo cierto es que si tienes una situación que no es la que más te satisface no debes dejar que los sentimientos de frustración o de resignación te invadan. ¿Mi receta?

  •  Descúbrete y desarróllate

En un ambiente que no es el habitual ni el idóneo podrás descubrir nuevas habilidades que estabas desaprovechando. Tal vez te toque reforzar debilidades que hasta ahora no conocías. Las tendencias muestran que crece la valoración de las habilidades personales y sociales en detrimento de lo exclusivamente relacionado con contenidos. Puede ser una oportunidad de trabajar en ellas, empezando por la adaptabilidad.

  •  Aprende

Toda experiencia es fuente de aprendizaje. Debemos descartar la idea pasada de moda e ineficiente para nuestros tiempos de que solo lo específico a nuestra área de trabajo o formación contribuye a nuestro futuro profesional. Todo lo nuevo te enriquece si lo vives de manera positiva y constructiva. Así un informático, por ejemplo, tendrá una valiosa oportunidad de crecimiento en un puesto de atención al cliente. O puede que en un nuevo puesto estés obligado a aprender a utilizar herramientas que creías jamás serías capaz de dominar. No solo aprenderás, tu autoestima saldrá también reforzada.

  • Mantente en el mercado

Lo anterior no quita que tú tienes una carrera o una formación de base que no interesa que se  desaproveche. Hoy por hoy la oferta de formación es de lo más variopinta y flexible, y no necesariamente requiere inversiones. Universidades en abierto, cursos gratis, formación subvencionada, jornadas, conferencias, etc. te premiten mantener la conexión con lo tuyo.

  •  Sigue buscando

Esto es algo que me enseñaron siendo aún estudiante. Hay que mantenerse alerta estando incluso en el puesto de tus sueños, siempre con el objetivo de avanzar profesionalmente y pendiente de los cambios y tendencias más allá de nuestra propia empresa. Permítete intervalos de calma, pero nunca te acomodes demasiado y si no te plantean nuevos retos, desafíate a avanzar. Sal de tu zona de confort de cuando en cuando. Algo que es aún más relevante si tu situación no es la que deseas. No desesperes, pero no te conformes.

Creo sinceramente que lo mío de cada uno es mucho más que una titulación. La vida (biológica y laboralmente hablando) es cada día más larga. Sin embargo, nos exigen que elijamos carrera o profesión a edades muy tempranas, sin haber tenido la posibilidad de descubrir realidades más allá de las familiares y casi sin conocernos a nosotros mismos.

Tal vez sería más productivo y emocionante que lo tuyo pase a ser simplemente un punto de partida para comenzar a explorar una vasta y rica realidad, llena de apasionantes oportunidades y a la que tienes mucho que aportar.